lunes, 5 de octubre de 2026

Cine y docencia en el Día Mundial de los Docentes


Hoy, 5 de octubre, la UNESCO estableció a nivel internacional la celebración del Día Mundial de los Docentes, aunque en España se mantiene tradicionalmente la fecha del 27 de noviembre, en honor a San José de Calasanz, sacerdote y pedagogo considerado el patrón de los educadores. Y por ese motivo, y en conjunto con el proyecto Contraste de Fundación Aprender a Mirar, hoy comparto esta publicación, realizada de un artículo publicado hace medio año: "La docencia a través del séptimo arte: alumnos, aulas y profesores a escena".   

Y con este mismo título se comparte este post de Contraste (revisar en este enlace), en el que se analizan un buen número de película en estos apartados.  

1. El aula como escenario de vida 

El cine, desde su nacimiento, ha mantenido un idilio ininterrumpido con la educación. No es una coincidencia azarosa, porque tanto una película como una clase comparten la misma materia prima: la mirada. Si educar es ayudar a otros a ver el mundo por primera vez, el cine es la herramienta que nos permite volver a verlo con ojos renovados. 

A lo largo de la historia, las películas han documentado la transformación del ecosistema educativo y han servido de notario emocional de los cambios en la infancia y la adolescencia. Al proyectar la figura del docente, el séptimo arte no solo rinde homenaje a una profesión, sino que explora la esencia misma de la mentoría: ese instante sagrado en que un adulto (profesor) decide apostar por el potencial invisible de la infancia y adolescencia (alumnos). 

2. La docencia en el cine de EE.UU. 

En el cine estadounidense, las películas centradas en la docencia suelen construir relatos muy marcados por el individualismo y la épica personal. El profesor o profesora aparece con frecuencia como una figura excepcional –a veces un outsider– que, gracias a su carisma, compromiso moral y métodos poco convencionales, logra transformar a un grupo de alumnos inicialmente desmotivados o problemáticos. El aula se presenta como un espacio de conflicto social (desigualdad, racismo, violencia, falta de expectativas), pero también como un lugar de redención, donde la educación se convierte en la vía para el ascenso personal y la superación de las circunstancias de origen. Todo ello generalmente apoyado sobre estructuras emocionales y optimistas, con arcos de superación claramente definidos y finales que refuerzan la fe en el sistema educativo como motor de progreso. 

3. La docencia en el cine de Francia 

En el cine francés, las películas centradas en la docencia tienden a adoptar un enfoque más realista, coral y analítico. Por un lado, el aula se presenta como un microcosmos social donde confluyen tensiones culturales, lingüísticas y de clase. Por otro lado, la figura del profesor aparece como un trabajador inserto en una institución compleja, con límites claros y contradicciones estructurales. 

En este contexto, la atención suele desplazarse a los procesos cotidianos de enseñanza, al diálogo –y al conflicto– entre profesor y alumnado, así como a la dificultad real de transmitir conocimientos y normas en contextos de diversidad social y cultural. Es por eso que estas películas privilegian un tono sobrio y observacional, cercano en ocasiones al documental, con diálogos extensos y una puesta en escena poco enfática. Y, en esta línea, los finales invitan a reflexionar sobre el papel de la institución educativa en la reproducción –o cuestionamiento– de las desigualdades sociales y las libertades, más que prometer una clara redención o éxito. 

4. La docencia en el cine de España 

En el cine español, las películas centradas en la docencia suelen abordar el aula como un espacio atravesado por la memoria histórica, los cambios sociales y las tensiones generacionales. El profesorado aparece con frecuencia como una figura vulnerable, condicionada por el contexto político, económico o institucional, y no siempre capaz de transformar de manera decisiva a su alumnado. La escuela se presenta tanto como lugar de aprendizaje como de conflicto, donde emergen cuestiones vinculadas a la autoridad, la precariedad, la diversidad cultural o la herencia de modelos educativos del pasado. 

Desde el punto de vista narrativo, estas películas tienden a combinar el realismo social y una dimensión íntima, con una atención especial a las relaciones personales y al entorno inmediato (familia, barrio, comunidad). Más que ofrecer soluciones claras o triunfalistas sobre la educación, el cine español plantea interrogantes sobre el papel del docente en una sociedad en transformación y sobre las limitaciones del sistema educativo para responder a desigualdades persistentes, haciendo del aula un reflejo directo de las tensiones y contradicciones del país. 

5. La docencia en el cine de todas las pantallas del mundo 

Por distintas circunstancias hemos destacado tres filmografías (Estados Unidos, Francia y España) en este recorrido por las películas que abordan el mundo de la docencia, ese triángulo entre profesores, alumnos y aulas docentes. Sin embargo, no hay duda de que estas películas se expanden alrededor de distintos países con sus personales enfoques. Así pues, no podemos cerrar este blog sin hacer mención a otros títulos destacados de alrededor del mundo que, de igual forma, invitan a reflexiones profundas, abren debates necesarios y despiertan necesarias emociones en los espectadores de distintas generaciones. 

Porque cine, infancia y docencia dan para muchos temas para la reflexión, tal como hemos analizado. Y ya en nuestro libro Cine y Pediatría 11 hicimos un homenaje especial a los docentes y la docencia.  

 

sábado, 3 de octubre de 2026

Cine y Pediatría (873) “Bailo por dentro” desde mi silla de ruedas


La discapacidad no radica solo en el individuo, sino también en el resultado de un entorno inaccesible (barreras físicas, sociales o políticas) que choca con la deficiencia de la persona. Las formas más comunes de discapacidad son la física o motora (como la parálisis cerebral y la distrofia muscular de Duchene), la intelectual (retraso mental como el síndrome de Down y el trastorno del espectro alcohólico fetal), la sensorial (baja visión o ceguera y sordera parcial o total), la psicosocial: (como la depresión grave, la esquizofrenia o el trastorno bipolar), la orgánica (como problemas cardíacos, respiratorios o renales), así como la pluridiscapacidad (cuando se combina dos o más tipos de discapacidad de forma simultánea). Y sobre ello versa nuestra historia de hoy, sobre esa discapacidad que postra en silla de ruedas y el deseo de independencia, como se refleja en la película irlandesa-británica Bailo por dentro (Damien O'Donnell, 2004). 

“Carrington, una residencia especial para gente especial”. Así luce el letrero a la entrada de este centro de Dublín para personas con distintas necesidades de apoyo por su discapacidad. Allí conocemos a Michael Connolly (Steven Robertson), un joven de 24 años que vive desde hace tiempo en esta residencia, afecto de parálisis cerebral infantil tetraparésica, quien se desplaza en silla de ruedas y se comunica con un lenguaje que es difícil de entender y donde apenas unas pocas personas consiguen comprenderlo (lo suplen señalando el alfabeto de un libro); parece conformarse con una existencia tranquila, rutinaria y protegida dentro del centro, una vez que dejó de tener el apoyo familiar (su madre murió y su padre le abandonó). Todo cambia con la llegada de Rory O’Shea (James McAvoy), un joven de su edad irreverente y lleno de energía que padece distrofia muscular de Duchenne, también anclado a una silla por la progresiva debilidad, pero con todo el resto de sus funciones conservadas. Rory entra en la residencia como una tormenta: cuestiona las normas, se burla de la burocracia y se niega a aceptar que la institucionalización sea el único destino posible para personas como él. Y basta ver cómo se presenta en Carrington: “Rory O´Shea, distrofia muscular de Duchenne. Además de mi voz, conservo el movimiento de dos dedos de la mano derecha, suficiente para moverme y consolarme. Podéis darme la mano o besarme el culo, pero no esperéis que yo os haga lo mismo”. 

Rory entiende el habla de Michael cuando casi nadie más lo hace. Esa comprensión inmediata es el origen de su amistad: por primera vez, Michael se siente verdaderamente escuchado. Rory le contagia su deseo de vivir, de salir, de enamorarse y de tomar decisiones; juntos planean abandonar Carrigmore y alquilar un piso propio, pese a las objeciones de la dirección y de los servicios sociales. Y es por ello que, más que una película “sobre la discapacidad”, es una historia sobre la amistad, el deseo, la autonomía y el derecho a decidir la propia vida. Y es así que finalmente lo consiguen: “Sólo tú y yo en el paraíso de los lisiados. ¡Libertad!”, grita Roy. Y en la escena en la que los dos lo celebran bailando en su silla de ruedas ya expresan la esencia del film: “Estoy bailando por dentro”. 

Pero para conseguir la vida independiente necesitan una asistente personal, por lo que realizan un casting de posibles candidatos. Finalmente contratan a Siobhan (Romola Garai), una joven inexperta pero decidida, que comparte piso con ellos y se convierte en pieza esencial de su nueva autonomía. Los tres forman una peculiar familia elegida: discuten, celebran, cuidan y se necesitan. Salidas, copas, coqueteos y deseo cotidiano rompen el estereotipo de la asexualidad impuesta a las personas con discapacidad; los protagonistas quieren amar y ser deseados como cualquier persona joven. Y es así que la conquista de la independencia se complica cuando ambos se enamoran de Siobhan. Ella los quiere, pero su amistad no puede convertirse en lo que ellos fantasean, lo que corresponde al momento emocional más doloroso del filme: “Me pagas para que trabaje, pero lo que siento no es amor. Es gratitud, nada más”. Y ya el propio Roy le dice a Michael: “¿Qué le puedes ofrecer? Vete al baño y mírate un momento en el espejo”. 

El final enfrenta al espectador con la fragilidad de Rory, quien fallece tras una neumonía complicada, y con la ternura de una amistad que ha transformado a Michael. Sin resolver todo con un final perfecto, la película insiste en que haber vivido con libertad, deseo y dignidad ya ha cambiado irreversiblemente la vida de los protagonistas. Y resuena uno de los últimos mensajes de Rory a su amigo: “No necesitas a nadie. Eres tu mejor amigo”. 

Pero en películas que tratan este tipo de temas, no es ajena la crítica implícita al reparto. Y algunas críticas señalaron que los dos protagonistas, interpretados por actores sin las discapacidades de sus personajes, debilitaban parcialmente el mensaje; aun así, las interpretaciones de Steven Robertson (quien formó parte del elenco de Neds - Peter Mullan, 2010 -) y de James McAvoy (en uno de sus primero papeles de lo que es ya una prolífica filmografía, con títulos como El último rey de Escocia - Kevin Macdonald, 2006 – o Expiación, más allá de la pasión – Joe Wright, 2007 -) fueron muy elogiadas. 

Una historia de amistad y superación en silla de ruedas de dos jóvenes con discapacidad motora, una relación complementaria donde Rory libera a Michael de su pasividad, y donde Michael aporta a Rory una escucha, una calma y una profundidad emocional que él necesita. Y que nos permite subrayar que la discapacidad no define a la persona (pues eso no agota la identidad de cada uno) y que la independencia no se presenta como un lujo, sino como una necesidad de dignidad. Porque la verdadera exclusión que combate el filme no es solo arquitectónica o física: es la tendencia social a ver a las personas con discapacidad como pacientes, niños o objetos de compasión. Y donde el sexo también es un derecho, en esta historia tratada como un deseo romántico, pero que en otros films se ha mostrado de forma más explícita y recodamos títulos como la película suiza Dora y la revolución sexual (Stina Werenfels, 2015), la película estadounidense Campamento extraordinario (James Lebrecht, Nicole Newnharn, 2020) o la película española La consagración de la primavera (Fernando Franco, 2022),    

El mensaje de Bailo por dentro sigue siendo vigente: todas las personas tienen derecho a una vida propia, con vínculos, deseo, errores, riesgo y dignidad.

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

25 años de la Fundación Lilly: dejando huella entre amigos


El pasado 21 de septiembre, el madrileño Círculo de Bellas Artes se convirtió en el epicentro de la excelencia biomédica y el pensamiento humanista para conmemorar el 25 aniversario de la Fundación Lilly. 

Bajo dos lemas tan entrañables como certeros —"25 años dejando huella" y "25 años entre amigos"—, la celebración rindió homenaje a un cuarto de siglo dedicado a impulsar el conocimiento, transformar la práctica clínica y, sobre todo, poner a la persona en el centro del cuidado de la salud. 

Las tres miradas de la Fundación Lilly 

El alma de la Fundación se sustenta en una triple perspectiva que conecta indisolublemente el rigor científico con el compromiso social y asistencial: 

• La Mirada de la Ciencia: el compromiso inquebrantable con la investigación básica y traslacional, fomentando el talento joven, la excelencia investigadora y la divulgación rigurosa como motores insustituibles del avance biomédico. 

• La Mirada de la Medicina: el impulso constante a la práctica clínica basada en el conocimiento, la formación continuada de los profesionales sanitarios y la búsqueda de la máxima calidad asistencial en beneficio directo de los pacientes. 

• La Mirada del Humanismo: la convicción profunda de que el arte, la ética y las humanidades médicas son indispensables para comprender la vulnerabilidad humana, humanizando el acto médico y recordando que curar exige, ante todo, cuidar y escuchar. 

Programación del Acto Conmemorativo 

La jornada conmemorativa combinó la emotividad del reencuentro institucional con la altura intelectual que caracteriza a la casa: 

• Apertura Institucional: bienvenida a cargo de los patronos y máximos representantes de la Fundación Lilly, evocando los orígenes y la trayectoria de una institución ya insustituible en el tejido sanitario español. 

• Mesa Redonda «El Valor del Conocimiento»: un diálogo abierto sobre el impacto de la investigación y la innovación en la salud de los ciudadanos, moderado por referentes del sector científico. 

• Espacio Humanista «Dejando Huella»: una reflexión compartida sobre el puente necesario entre la ciencia y las humanidades, destacando proyectos emblemáticos que han vertebrado estos 25 años de trayectoria. 

• Homenaje a los Amigos de la Fundación: reconocimiento a investigadores, clínicos, académicos y profesionales que han colaborado estrechamente con la entidad a lo largo de este cuarto de siglo. 

• Clausura y Brindis «Entre Amigos»: cierre institucional seguido de un cóctel en la azotea del Círculo de Bellas Artes en el que se celebró el pasado, el presente y el futuro compartido de una gran familia unida por la pasión de servir a la sociedad a través de la salud. 

Desde el punto de vista personal, es todo un honor haber iniciado este camino allá por el año 2001,  cuando comenzamos la andadura con el proyecto MEDES (MEDicina en ESpañol)… y puedo ratificar la veracidad de los dos eslóganes. Y es así como Fundación Lilly va dejando una huella imborrable que, durante veinticinco años, ha demostrado que la ciencia sin humanidad carece de rumbo, y que la medicina alcanza su verdadera dimensión cuando se ejerce desde el saber, el rigor y la amistad.