La parálisis cerebral infantil (PCI) es un grupo de trastornos del movimiento y la postura causados por una lesión o alteración del cerebro en desarrollo, habitualmente antes del nacimiento, durante el parto o en los primeros años de vida. No es progresiva, pero sus efectos sobre la movilidad, el tono muscular, la coordinación, la alimentación, el habla y la participación social pueden ser muy diversos. Por todo ello, la PCI es una de las discapacidades del desarrollo más relevantes por su impacto médico, educativo, familiar y social; sin embargo, en el cine aparece con escasa frecuencia y, cuando lo hace, suele quedar reducida a estereotipos o a un recurso dramático. No es que esté totalmente ausente del cine, sino que su representación es desigual, poco protagonista y frecuentemente mediada por la mirada de personas sin discapacidad.
En Cine y Pediatría hemos realizado un esfuerzo en estos años por recopilar largometrajes relevantes al respecto y con el enfoque de diferentes filmografías. Recordemos las películas que ya hemos analizado: desde Estados Unidos, A Elvis, con amor (Gus Trikonis, 1980), desde Irlanda, Mi pie izquierdo (Jim Sheridam, 1989), desde Italia, Las llaves de casa (Gianni Amelio, 2004), desde Gran Bretaña, Bailo por dentro (Damien O'Donnell, 2004), desde España, La consagración de la primavera (Fernando Franco, 2022), desde México, Los dos hemisferios de Lucca (Mariana Chenillo, 2024), desde China, Big World (Yang Lina, 2024). Y a esta representación hoy se suman dos películas más: desde Polonia, Life Feels Good (Maciej Pieprzyca, 2013) y desde Estados Unidos, Triumph (Brett Leonard, 2021), dos historias de superación más desde la PCI, ambas inspiradas en historias reales, aunque con diferente enfoque.
- Life Feels Good (Maciej Pieprzyca, 2013) está inspirada en la vida real de Przemek Chrzanowski, un joven polaco con PCI que durante años fue considerado incapaz de comprender o comunicarse. La película cambia algunos nombres y circunstancias, pero conserva el núcleo biográfico: el descubrimiento de que el obstáculo principal no era la mente de Przemek, sino la falta de un medio para que pudiera expresarse; y su fuerza no reside en la lástima, sino en demostrar que la discapacidad motora y del habla no equivale a ausencia de inteligencia, deseo o dignidad.
En la película el protagonista es Mateusz Rosiński (interpretado por Kamil Tkacz de niño y por Dawid Ogrodnik de adulto), quien nace en la Polonia de los años ochenta con una PCI grave. Desde niño no puede caminar, controlar bien sus movimientos ni articular palabras; los médicos lo diagnostican como una persona con discapacidad intelectual y sin capacidad de comunicación: “Su cerebro no funciona. Es un vegetal”, le dijeron a sus padres. La película adopta una estructura retrospectiva: Mateusz adulto está internado en un centro y debe ser evaluado por una comisión médica que decidirá sobre su futuro. Mientras tanto, su voz en off revela al espectador lo que su familia, los profesionales y la institución no han podido ver: un hombre inteligente, irónico, sensible, con deseos, memoria y una intensa necesidad de ser reconocido.
En su infancia, Mateusz vive protegido por una familia que lo quiere, aunque también lo trata a veces con una sobreprotección que le impide ejercer autonomía. Su padre es especialmente importante porque se relaciona con él con humor y cercanía; su madre lo cuida con devoción, pero acaba asumiendo que su hijo no puede comprender ni decidir. Tras la muerte del padre y el agotamiento de la madre, Mateusz es ingresado en una institución para personas con discapacidad intelectual. Allí su situación empeora: es tratado como un cuerpo que debe ser alimentado, aseado y contenido, no como una persona con voluntad propia. El punto de inflexión llega con una logopeda que le enseña un sistema alternativo de comunicación basado en el lenguaje Bliss. Mediante el movimiento de los ojos y el parpadeo, Mateusz puede señalar símbolos y formar frases. Así consigue comunicar por primera vez, reclamar su identidad y tomar decisiones sobre su propia vida.
La interpretación de Dawid Ogrodnik es nuclear y fue premiada: construye a Mateusz mediante movimientos muy controlados, expresión facial y una presencia corporal que debe transmitir una mente lúcida sin poder hablar. Y con su personaje no regala importantes reflexiones al respecto, como que la comunicación es un derecho y una condición básica de dignidad, que las personas con PCI no son una etiqueta, sino personas con sentimientos, necesidades y deseos (y baste recordar la expresión de nuestro protagonista: “Las tetas y las estrellas son las dos mejores cosas que ha creado Dios”, que cuidar no es decidir por el otro (y lo vemos en la sobreprotección materna) y, sobre todo, el sentir el cuerpo como cárcel… y como lenguaje.
Una película muy apreciada por sus enseñanzas: el lenguaje no debe confundirse con la inteligencia, la comunicación accesible cambia vidas (donde los sistemas alternativos y aumentativos de comunicación pueden devolver a una persona el derecho a expresarse y decidir), la dignidad exige autonomía y la discapacidad no elimina el deseo (incluido el deseo sexual). Y por ello, Life Feels Good es una de las películas más importantes del cine europeo contemporáneo sobre discapacidad. Frente a relatos que convierten a la persona con discapacidad en un símbolo de sacrificio, Pieprzyca construye un personaje complejo, rebelde y profundamente vivo. Y su frase “No soy una planta” permanece como una declaración de dignidad.
- Triumph (Brett Leonard, 2021), también inspirado en una historia real, es un drama deportivo de superación, que narra el empeño de Mike, un estudiante con parálisis cerebral leve, por entrar de verdad —no como símbolo ni como favor— en el equipo de lucha de su instituto. Su valor principal no reside en la originalidad del relato, sino en su apuesta por una representación encarnada de la discapacidad: el protagonista lo interpreta RJ Mitte, actor que también tiene parálisis cerebral. La película se sitúa en la tradición del “underdog movie”: un joven con obstáculos sociales y físicos decide competir en un ámbito que otros consideran vedado para él.
Mike es un adolescente brillante, con sentido del humor y una voluntad notable. Al llegar a su último curso de secundaria, decide que quiere formar parte del equipo escolar de lucha, no como animador ni como convidado, sino como luchador que gana su sitio en el tatami. A su alrededor encuentra un muro de expectativas limitantes: profesores que lo minusvaloran, compañeros que se burlan de él, un padre protector y un entorno que confunde “cuidar” con decidir por él. Incluso el entrenador Cutting (Terrence Howard), que reconoce su determinación, duda al principio de que pueda soportar la exigencia física y competitiva del deporte.
El relato avanza mediante el entrenamiento, los conflictos con los compañeros, el interés romántico de Mike por Patty (Grace Victoria Cox) y la amistad con Jeff (Colton Haynes), un deportista popular que termina necesitando tanto apoyo como el que recibe de Mike. Así, la película invierte parcialmente el esquema habitual: el joven con discapacidad no es solo quien debe ser ayudado, sino también quien ayuda a otros a enfrentarse a sus propias fragilidades.
Triumph es una película sincera, optimista, pero deliberadamente convencional y demasiado previsibles. Sin embargo, la interpretación de RJ Mitte sostiene el filme. La película acierta al mostrar que la exclusión no procede solo de la burla abierta. También procede de la compasión mal entendida: de quienes, con buenas intenciones, rebajan exigencias, apartan del riesgo y deciden de antemano qué puede o no puede hacer una persona con discapacidad. Y cabe recordar una de sus frases más representativas: “Nunca juzgues a una persona por lo que no puede hacer, porque lo que sí puede hacer podría dejarte sin aliento”.
Y con la visión de estas dos películas con la PCI como protagonista cabe recordar un debate repetido alrededor de si los personajes deben ser interpretados por actores o personas con esa discapacidad. Lo cierto es que el valor final de un film debe ir más allá y cabe realizarlo de forma más global, donde el guion tiene gran importancia. Y es así que Life Feels Good es una película sobresaliente (aunque el personaje con PCI es interpretado por un actor) y Triumph un film más convencional (pese a que el actor tiene PCI).


