miércoles, 19 de agosto de 2026

Crianza de los hijos en la era digital


La crianza de los hijos en la era digital constituye uno de los grandes desafíos de las familias contemporáneas, ya que las tecnologías forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas. Internet, los dispositivos móviles y las redes sociales ofrecen importantes oportunidades para el aprendizaje, la comunicación y el entretenimiento, pero también plantean riesgos relacionados con la exposición excesiva a las pantallas, la privacidad, la seguridad y la calidad de los contenidos. En este contexto, educar no implica únicamente limitar el uso de la tecnología, sino acompañar a los hijos en el desarrollo de hábitos saludables, pensamiento crítico, responsabilidad y competencias digitales que les permitan desenvolverse de forma segura y equilibrada en la sociedad actual. He aquí algunas preguntas clave… 

a) ¿Cómo afectan los videojuegos y las redes sociales a la salud mental del niño y adolescente? 

El impacto de los videojuegos y las redes sociales en la salud mental de la infancia y adolescencia es un tema complejo que no tiene una respuesta única, sino que se define por una mezcla de riesgos, beneficios y matices individuales. Si nos centramos en el adolescente, estos son algunos aspectos de interés: 

- El impacto de las redes sociales en la salud mental. Existe un debate activo sobre si las redes sociales causaron el aumento de problemas de salud mental en la última década. 
Se estima que hay un 75% de probabilidad de que las redes sociales hayan contribuido a la crisis de salud mental adolescente, especialmente desde 2012, cuando estas plataformas se volvieron masivas en los teléfonos inteligentes. Los riesgos se dividen en el uso excesivo (que interfiere con el sueño y la actividad física) y las experiencias dañinas (como el acoso escolar o la exposición a contenido que afecta la imagen corporal, algo que impacta desproporcionadamente a las niñas). También es cierto que ofrecen oportunidades para la conexión social, el aprendizaje y el descubrimiento, especialmente para adolescentes que se sienten marginados en su vida diaria. 

- El impacto de los videojuegos. A diferencia de las redes sociales, la investigación general sobre videojuegos muestra poca evidencia de daño inherente y sugiere algunos beneficios. 
Se ha encontrado evidencia de que jugar videojuegos puede mejorar la memoria de trabajo, la atención y las habilidades cognitivas espaciales. Además, son una vía social fundamental, especialmente para los varones, quienes juegan un promedio de 2 horas y 20 minutos al día. Pero existe evidencia de que los videojuegos violentos pueden causar un aumento a corto plazo en pensamientos y sentimientos agresivos, aunque no hay pruebas definitivas de que causen conductas criminales o violentas a largo plazo. El problema surge cuando el juego se convierte en una adicción (afectando entre el 1% y 9% de los adolescentes) o cuando desplaza actividades esenciales como el sueño o los estudios. 

El efecto final depende de quién es el adolescente. Aquellos que ya enfrentan dificultades sociales, emocionales o conductuales fuera de internet tienen más probabilidades de sufrir impactos negativos en línea. Por ejemplo, los jóvenes que sufren acoso en persona suelen ser los mismos que lo padecen en redes sociales. En resumen, más que el tiempo total de pantalla, lo que importa es qué actividades se están reemplazando y si el uso de estas tecnologías interfiere con el bienestar general, el sueño y las relaciones cara a cara

b) ¿Cómo puedo diferenciar si mi hijo o hija tiene una adicción? 

Diferenciar entre un uso frecuente de la tecnología y una adicción real es fundamental. Aunque el término "adicción" se usa a menudo de forma coloquial, en términos clínicos se refiere a patrones de comportamiento que causan un deterioro significativo en la vida diaria. 

Para determinar si nuestro hijo/a podría tener una adicción (específicamente un trastorno por videojuegos), debes observar si se cumplen estos tres criterios clave: 1) Falta de control sobre el juego: esto ocurre cuando el joven no puede controlar la frecuencia, la intensidad, la duración o el momento en que deja de jugar; 2) Prioridad creciente: el videojuego o el uso de pantallas se vuelve más importante que otros intereses vitales y actividades diarias; 3) Continuación a pesar de las consecuencias negativas: el joven sigue jugando o incluso aumenta el tiempo de uso a pesar de saber que esto le está causando problemas evidentes en su vida o salud. 
Y, además de los criterios anteriores, es útil considerar qué actividades están siendo reemplazadas por las pantallas: desplazamiento de necesidades básicas (como el sueño o la higiene personal), impacto académico (disminución notable en su rendimiento escolar debido al tiempo dedicado a los dispositivos) o angustia emocional (en el caso de las redes sociales, una señal de uso problemático es sentir angustia o malestar intenso cuando no se puede acceder a la plataforma). 

¿Qué hacer si sospechamos de una adicción? Si observas estos patrones de forma persistente (generalmente durante un periodo de 12 meses, aunque puede ser menos si los síntomas son graves), se recomienda: 
• Consultar con un profesional: habla con su pediatra o un profesional de la salud mental. 
• Terapia cognitivo-conductual: este tipo de tratamiento ha demostrado ser efectivo para ayudar a manejar el uso problemático de la tecnología. 
• Fomentar el equilibrio: asegúrate de que tenga tiempo protegido para actividades que mejoren su estado de ánimo, como el ejercicio físico, el tiempo al aire libre y las interacciones sociales en persona. 

c) ¿Cómo puedo fomentar actividades sin pantallas para mi hijo? 

Para fomentar actividades sin pantallas, lo más efectivo es centrarse en el equilibrio, asegurando que los niños tengan suficiente tiempo para jugar, hacer ejercicio físico e interactuar con otras personas. Está claro que no existe una única solución, sino una amplia variedad de opciones que dependen de la energía del niño y del entorno. Aquí el ejemplo de algunas estrategias y actividades concretas basadas en las recomendaciones de los expertos, útiles más para niños y niñas (no tanto para adolescentes): 

- Actividades en casa según el nivel de energía, pues es útil tener opciones preparadas para diferentes momentos del día: 
• Alta energía (para quemar cartuchos): puedes organizar una fiesta de baile, crear un circuito de obstáculos con cojines y toallas, jugar al escondite, construir un fuerte con mantas o jugar al "que no caiga" con globos. 
• Baja energía (más sedentarias): actividades como el uso de pegatinas, plastilina, rompecabezas, juegos de construcción (como bloques o LEGO) y, por supuesto, la lectura de libros son excelentes para momentos de calma. 

- Convertir las tareas del hogar en juegos. 
La clave es dejar de lado la expectativa de que la tarea sea "útil" y verla como una oportunidad de juego e interacción: 
• Cocinar juntos: darles una tabla de cortar de plástico y un cuchillo sin filo para que "ayuden" troceando alimentos blandos como fruta o queso. 
• Limpiar el coche o regar las plantas: son actividades que los niños suelen disfrutar y que fomentan la responsabilidad. 
• Lavar platos: siempre que se mantengan alejados de los objetos de vidrio, jugar con el agua y el jabón es muy entretenido para los más pequeños. 

- Aventuras al aire libre. 
Incluso si hace frío o está oscuro, el cambio de ambiente es muy beneficioso: 
• Exploración nocturna: usar linternas para dar un paseo por el vecindario puede hacer que una caminata normal se sienta como una aventura. 
• Búsquedas del tesoro: crear una lista de cosas que deben encontrar (hojas de cierto tipo, luces de colores, animales) para mantenerlos motivados durante un paseo. 
• Gimnasio en el jardín o en el parque: que usen bicicletas, patinetes o hula-hoops. 

- Salidas estratégicas (gratuitas y pagadas) 
• Opciones gratuitas: visitar la biblioteca, tiendas de mascotas (solo para mirar), o asistir a talleres gratuitos en tiendas de bricolaje. 
• Opciones pagadas: museos de ciencia, acuarios o pistas de patinaje. 

- Estrategias para facilitar la transición 
Uno de los mayores retos es el momento en que se apaga la pantalla. Para fomentar el éxito de las actividades alternativas, puedes aplicar lo siguiente: 
• Planificar la actividad post-pantalla: inmediatamente después de usar un dispositivo, ofrece una actividad que se ajuste a su necesidad del momento, ya sea algo relajante como un rompecabezas o algo activo como saltar. 
• Involucrarlos en el plan: pregúntales qué actividad sin pantallas les gustaría hacer después de que termine su tiempo permitido; esto les da una sensación de control. 
• Fomentar la interacción "serve-and-return": las actividades que requieren que tú respondas a sus acciones (hablar, señalar, jugar juntos) son las que más ayudan a su desarrollo y los mantienen comprometidos sin necesidad de dispositivos. 

Recuerda que los niños suelen imitar lo que ven; si te ven realizar actividades creativas o participar en juegos imaginativos (como jugar a "ir a trabajar" con una bolsa), es más probable que ellos también se interesen por el juego independiente. 

d) ¿Cómo puedo ser un buen modelo de conducta para mi hijo? 

Ser un buen modelo de conducta para tu hijo es fundamental, ya que los niños tienden a imitar naturalmente lo que ven en sus padres. Un referente positivo no se trata de ser perfecto, sino de mostrar de manera intencional los valores y habilidades que deseas que ellos desarrollen. Algunas de las estrategias clave para lograrlo son las siguientes.

- Modela el comportamiento social y los valores 
La mejor forma de enseñar valores como la amabilidad o la gratitud es practicándolos tú mismo frente a ellos. 
• Gratitud: los estudios indican que cuando los padres muestran gratitud, tanto verbalmente como a través de su comportamiento, existe una mayor probabilidad de que los hijos también lo hagan. 
• Resolución de conflictos: en lugar de evitar las discusiones, modela interacciones positivas y resolución saludable de conflictos tanto con tu pareja como con otros miembros de la familia. 
• Colaboración: si mantienes una actitud colaborativa hacia las tareas del hogar, es más probable que ellos sigan ese ejemplo. 

- Demuestra habilidades de afrontamiento emocional 
Los adolescentes y niños aprenden a gestionar sus sentimientos observando cómo los adultos manejan los suyos. 
• Gestión de emociones: es vital que modeles habilidades de afrontamiento saludables. Esto incluye etiquetar tus propias emociones y mostrar cómo usas herramientas como la respiración profunda o el autocuidado cuando estás estresado. 
• Reencuadre de pensamientos: puedes usar técnicas de terapia cognitivo-conductual para evaluar si tus pensamientos son útiles y verdaderos, compartiendo este proceso mental con ellos cuando sea apropiado (por ejemplo, al manejar el estrés laboral). 

- Actúa como el "piloto" de la familia 
Un concepto central es la crianza autoritativa, que equilibra el afecto con las reglas claras. Y se puede utilizar la metáfora del piloto: imagina que eres el piloto de un avión y tus hijos son los pasajeros; ante la "turbulencia" (berrinches o problemas), un buen piloto no entra en pánico ni ignora el miedo de los pasajeros; en cambio, valida sus sentimientos ("sé que esto asusta") pero mantiene la estructura ("por favor, haz lo que te pido).

lunes, 17 de agosto de 2026

I Encuentro Científico-Asistencial para Oncólogos Pediátricos

 

El I Encuentro Científico-Asistencial para Oncólogos Pediátricos fue una jornada impulsada por Fundación Aladina en Madrid con representantes de los principales hospitales del país y con el objetivo de reforzar la formación, el intercambio de conocimiento y la mejora de la atención al cáncer infantil. Se celebró el pasado 30 de junio 2026 en la Fundación Ortega-Marañón y contó con referentes nacionales e internacionales de la oncología pediátrica, y en el que tuve el honor de participar. La jornada fue inaugurada por Paco Arango, presidente de Fundación Aladina, y Pilar Tornos, presidenta del jurado de los Premios de Investigación de Mutual Médica. 

Los objetivos principales del encuentro fueron: 1) fortalecer la formación de médicos jóvenes y becados por Aladina; 2) crear espacios de mentorización, networking e intercambio directo con especialistas de referencia; 3) impulsar una oncología pediátrica más humana, innovadora y colaborativa; y 4) reforzar la idea de que el acompañamiento integral al paciente va más allá del tratamiento médico. 

Una reunión pensada para conectar formación, investigación y humanización en la atención al cáncer infantil, y para consolidar una red de apoyo entre especialistas y jóvenes médicos en España. La presencia del Dr. Carlos Rodríguez-Galindo, director de St. Jude Global, fue uno de los puntos más relevantes del encuentro, por su peso internacional en oncología pediátrica. 

Sirva como ejemplo el tema tratado sobre las prioridades de investigación actuales en Oncología Pediátrica y terapias emergentes, aspectos clave en los que se centran los ensayos del Children´s Oncology Group (COG) y el National Institute of Cancer (NIC) para la próxima década. 

- Oncología de precisión: estudio del perfil genómico tumoral que guía la elección de la terapia. El programa MCI ofrece tratamiento dirigido al 15% de los paciente perfilados. 

- Inmunoterapia: células CAR-T (CD19, CD22), anticuerpos bioespecíficos (blinatunomab), inhibidores de puntos de control, y que pueden transformar la enfermedad en recaída/refractaria. 

- Dianas epigenéticas: ensayos de vacunas H3K27M para DIPG, ONC201 para el glioma con mutación H3K27, como primeras señales de esperanza en el tumor cerebral pediátrico más letal. 

- Desintensificación de tratamiento: reducir la toxicidad a largo plazo para los pacientes de riesgos estándar. Los ensayos COG de LLA, Wilms y Hodgkin reducen la radiación y la quimioterapia en cánceres curables. 

- Biología de las recaídas: el mayor estudio de recaída de LLA del COG hasta la fecha (con 16.115 pacientes) que mapea los determinantes de la supervivencia postrecaída en LLA-B y LLA-T. 

- Estudios de equidad: iniciativa COG DHDC (Diversity and Health Disparities Committee), que busca garantizar que todos los niños, adolescentes y adultos jóvenes con cáncer reciban la máxima calidad de atención médica, sin importar su origen étnico, raza, género o nivel socioeconómico.


sábado, 15 de agosto de 2026

Cine y Pediatría (866) “X + Y”, la fórmula matemática entre la capacidad y la vulnerabilidad


Las altas capacidades intelectuales se refieren a un funcionamiento intelectual, creativo o talentoso significativamente superior al habitual en una o varias áreas, y deben entenderse junto con el desarrollo emocional, social, motivacional y escolar del menor. Las características principales de las altas capacidades incluyen estos perfiles: precocidad intelectual, talento simple (con rendimiento excepcional en un área concreta), talento complejo, superdotación o capacidad intelectual general elevada y doble excepcionalidad (coexistencia de altas capacidades con otra condición o dificultad, como autismo, TDAH, dislexia, trastorno del desarrollo del lenguaje o dificultades emocionales). De todas ellas hay ejemplos en el cine y todas nos plantean los retos personales, familiares, sociales y académicos de estos niños, niñas y adolescentes. 

Sobre la doble excepcionalidad, ejemplo paradigmático de la neurodiversidad, ya comentamos hace poco la película española Wolfgang (Extraordinario) (Javier Ruiz Caldera, 2025), la historia de un niño de 10 años con trastorno del espectro autista (TEA) y altas capacidades para la música; y previamente conocimos personajes con el conocido como síndrome de Savant asociado al TEA, tanto en la película Rain Man (Barry Levinson, 1988), pura ficción, como en Mozart y la ballena (Petter Naess, 2005), historia real de Jerry Newport y Mary Meinel. Y hoy recordamos la película británica X+Y (Morgan Matthews, 2014), alrededor de Nathan Ellis, un adolescente con un talento matemático extraordinario y dificultades para interpretar las relaciones sociales, cuyo argumento se inspira en el documental de la BBC Beautiful Young Minds, centrado en jóvenes participantes en la Olimpiada Internacional de Matemáticas. El título X + Y alude a una expresión matemática, pero también puede leerse simbólicamente: Nathan intenta comprender un mundo humano que no funciona con la claridad, la previsibilidad y la lógica de una ecuación.    

Nathan Ellis (interpretado en la infancia por Edward Bker-Close y en la adolescencia por Assa Butterfield, presente en dos películas icónicas como El niño con el pijama de rayas y La invención de Hugo) aparece inicialmente como un niño que encuentra refugio en los números y una conexión afectiva especialmente intensa con su padre. Tras la muerte de este en un accidente de tráfico, su madre Julie (Sally Hawkins, reconocida especialmente por su Óscar como mejor actriz en La forma del agua) intenta acompañarlo, pero ambos tienen dificultades para comunicarse y para expresar físicamente el afecto. Y esta le dice: “Cuando alguien dice que te quiere, significa que ve algo valioso en ti, que sienten que vale la pena. ¿Es eso válido para ti?.” La narración muestra que la pérdida del padre no solo provoca dolor, sino que altera el precario equilibrio emocional y comunicativo del niño etiquetado como síndrome de Asperger, término que hoy ya esta´integrado en el diagnóstico de TEA. Su mundo matemático le proporciona orden, seguridad y un lenguaje alternativo para interpretar la realidad.   

Años después, el profesor Martin Humphreys (Rafe Spall), con secuelas iniciales ya de su esclerosis múltiple, descubre la extraordinaria capacidad matemática de Nathan y comienza a prepararlo para competir por un puesto en el equipo británico de la Olimpiada Internacional de Matemáticas. Él también fu un prodigio de las matemáticas, pero su prometedora carrera se vio truncada debido al avance de su enfermedad y sus propios demonios personales. La relación entre ambos no es la de un maestro perfecto y un alumno pasivo. Los dos están heridos, aislados y necesitan reconstruir un sentido de dirección. Martin enseña matemáticas, pero Nathan también le devuelve una razón para comprometerse con el mundo. Y se confiesa: “No hablo mucho; la gente piensa que no tengo nada que decir, pero no es verdad.” 

Nathan consigue viajar a Taiwán para el entrenamiento internacional. Y así les dice el entrenador: “Ustedes son los 16 jóvenes cerebros más hábiles del país. Entrenaremos con otros cuatro equipos nacionales”. Y allí conoce a Zhang Mei (Jo Yang), una joven matemática china. La amistad y la atracción que surgen entre ambos introducen una dimensión que Nathan no puede resolver mediante fórmulas: los sentimientos, la ambigüedad y el deseo. La competición deja entonces de ser únicamente un objetivo académico y se convierte en un proceso de apertura a experiencias nuevas, de reconocimiento de la vulnerabilidad y de aprendizaje interpersonal. 

X + Y nos habla de un adolescente que intenta traducir su mundo interior a los demás y que descubre progresivamente que las relaciones humanas no pueden resolverse siempre mediante fórmulas, aunque él piense así: “Si la verdad es belleza y la belleza es verdad, entonces las matemáticas es de las cosas más bellas”. El verdadero crecimiento de Nathan no consiste en convertirse en mejor competidor, sino en aceptar la vulnerabilidad, establecer vínculos y comprender que pedir ayuda no disminuye su inteligencia. 

Una historia donde la música tiene especial relevancia, en concreto el cantautor de folk rock y poeta británico Keaton Henson, pues tres de sus canciones ponen emoción a las tres partes de esta historia: en la introducción a su infancia y duelo oímos el “Sweetheart, What Have You Done to Us”, en el núcleo argumental que supone su encuentro con Martin aparece “You”, y el colofón final lo pone “Small Hands”. Ese tercer personaje invisible que es la música es una buena base para conocer a los principales personajes de esta historia: Nathan, navegando entre la capacidad y la vulnerabilidad; Julie, esa madre que quiere proteger a su hijo, pero no siempre sabe cómo acercarse a él; Martin, el mentor y personaje herido; y Zhang Mei, ese vínculo de amistad que permite que cada uno vea al otro como persona, no solo como rival. 

Una película que nos advierte que la doble excepcionalidad requiere una mirada compleja. Y aunque la película vincula altas capacidades y autismo, esta combinación no debe generalizarse, pues la mayoría de los niños con altas capacidades no son autistas, y las personas autistas presentan perfiles muy diversos. Además, cabe considerar estos otros puntos de análisis y reflexión: que la inteligencia no es una identidad completa y nos recuerda que el talento debe acompañarse de relaciones, seguridad emocional y oportunidades de pertenencia; que no todas las altas capacidades son globales (y como nuestro personaje, ser extraordinario en el razonamiento matemático y, simultáneamente, necesitar apoyo en comunicación social, regulación emocional o autonomía cotidiana); y que ganar no es el único desenlace posible (y vemos como el verdadero logro de Nathan no es el éxito en la competición, sino ampliar su mundo: tolerar la incertidumbre, establecer vínculos y aceptar que puede necesitar a otras personas sin que eso disminuya su inteligencia). 

En conjunto X + Y resuelve esa fórmula matemática entre la capacidad y la vulnerabilidad de las personas con doble excepcionalidad y plantea una idea central: el objetivo de la educación no es fabricar un ganador, sino ayudar a la persona a desarrollar sus capacidades sin perder la posibilidad de relacionarse, elegir y ser feliz. 

Para finalizar, cabe citar que se acaba de estrenar la película española Altas capacidades (Víctor García León, 2026), una comedia negra que retrata una doble obsesión contemporánea: la de los padres que quieren convertir a su hijo en una prueba de su propio éxito y la de una clase media que aspira a penetrar en los espacios exclusivos de la élite. Allí donde Alicia (Marian Álvarez) y Gonzalo (Israel Elejalde) interpretan los problemas escolares y de conducta de su hijo Fer como indicios de una inteligencia excepcional. En lugar de afrontar directamente sus dificultades, proyectan sobre él una identidad tranquilizadora: Fer no sería un niño conflictivo o desorientado, sino un niño con “altas capacidades” cuyo talento no está siendo comprendido. Y ahí reside la primera ironía del filme: el diagnóstico —o, más exactamente, la etiqueta— deja de ser una herramienta para comprender al menor y se convierte en una justificación emocional para los adultos que quieren incorporar a su hijo a un colegio privado de élite, lo que revela las verdaderas motivaciones de los padres: nuevos contactos, prestigio, oportunidades laborales y acceso a un mundo socialmente superior. La película critica así la tendencia a transformar a los hijos en proyectos de realización personal, social y económica. 

Algunos críticos han relacionado la película como una mezcla entre la tradición del guionista español Rafael Azcona, por la atención a las pequeñas miserias morales, y la más reciente sátira social del director sueco Ruben Östlund, por la incomodidad que generan los rituales de pertenencia y humillación social. El título es irónico, porque las “altas capacidades” no designan únicamente la supuesta inteligencia de Fer, sino también la capacidad de los adultos para fabricar relatos, justificar decisiones y adaptarse a un sistema de privilegios. Alicia y Gonzalo demuestran una extraordinaria capacidad para no ver lo que tienen delante: las necesidades reales de su hijo, sus propias contradicciones y el precio de la integración social.