sábado, 25 de julio de 2026

Cine y Pediatría (863) “El sueño de Iván” y “Diamantes negros”, del sueño a la pesadilla futbolística

 

Acaba de terminar el Campeonato Mundial de Fútbol 2026, uno de los fenómenos deportivos más virales en el mundo (con permiso de los Juegos Olímpicos). Un mes en el que se han enfrentado 48 equipos de todos los continentes y que nos abocaron a una final “en español” entre España y Argentina. Ni que decir que los ecos de este deporte, aunque solo sea fútbol, tiene una gran repercusión. Y el cine no ha sido ajeno, como ha hemos visto en alguna ocasión más en Cine y Pediatría. 

Hagamos un breve recorrido en el tiempo y por países de películas alrededor del fútbol: desde Hungría, Match en el infierno (Zoltán Fábri, 1961); desde Irán, El viajero (Abbas Kiarostami, 1974) y Offside (Fuera de juego) (Jafar Panahi, 2006); desde Estados Unidos, Evasión o victoria (John Houston, 1981); desde Chile, Historias de fútbol (Andrés Wood, 1997); desde Bután, La copa (Khyentse Norbu, 1999); desde Colombia, La pena máxima (Jorge Echeverri, 2001); desde Alemania, Guys and Balls (Sherry Hormann, 2004) y Las fieras fútbol club (Joachim Masannek, 2005); desde Serbia, Montevideo, God Bless You! (Dragan Bjelogrlic, 2010); desde Venezuela, Hermano (Marcel Rasquin, 2010); desde Brasil, El año que mis padres se fueron de vacaciones (Cao Hamburger, 2006) y Heleno, o príncipe maldito (José Henrique Fonseca, 2011); desde Cuba, La partida (Antonio Hens, 2013); desde Uruguay, Mi mundial (Carlos Andrés Morelli, 2017); dese Suiza, Mario (Marcel Gisler, 2018); desde Francia, ¡Va por nosotras! (Mohamed Hamidi, 2019); desde Suecia, Tigers (Ronnie Sandahl, 2020); desde Italia, Fue la mano de Dios (Paolo Sorrentino, 2021); desde Georgia, Hoja seca (Alexandre Koberidze, 2025); desde Ecuador, Despelote (Julián Cordero, 2025); etc.

Un recorrido en el que predominan tres países: curiosamente el Reino Unido, donde se originó este deporte, y nuestros dos países finalistas: Argentina y España. 

Desde el Reino Unido, The Firm (Alan Clarke, 1989), Quiero ser como Beckham (Gurinder Chadha, 2002); Football Factory (Diario de un hooligan) (Nick Love, 2004), Hooligans (Lexi Alexander, 2005), The Damned United (Tom Hooper, 2009), Buscando a Eric (Ken Loach, 2009),… 

Desde Argentina, Pelota de trapo (Leopoldo Torres Ríos, 1948), Escuela de campeones (Ralph Pappier, 1950), El crack (José A. Martínez Suárez, 1960), El centroforward murió al amanecer (René Mugica, 1961), Luna de Avellaneda (Juan José Campanella, 2004), El camino de San Diego (Carlos Sorin, 2006), Un santo para San Telmo (Gabriel Stagnaro, 2007), Metegol (Juan José Campanella, 2013),… 

Desde España, Días de fútbol (David Serrano, 2003), La gran final (Gerardo Olivares, 2006), El equipo de mi barrio (Rafa de los Arcos, 2017), Llenos de gracia (Roberto Bueso, 2022), Pioneras. Solo querían jugar (Marta Díaz de Lope Díaz, 2026),… 

Pero hoy queremos recordar dos películas españolas más y que, desde el punto argumental, son dos polos opuestos: El sueño de Iván (Roberto Santiago, 2013), una comedia alrededor de una selección mundial de niños, y donde nuestro pequeño protagonista cumple su sueño; y Diamantes negros (Miguel Alcantud, 2013), un drama que cuesta olvidar alrededor de dos adolescentes malinenses cuyo sueño alrededor del fútbol en Europa se convierte en pesadilla. 

- El sueño de Iván (Roberto Santiago, 2011), basada en la novela homónima del propio director, sigue a Iván (Óscar Casas, de la saga de los hermanos Casas), un niño de 11 años apasionado por el fútbol, seleccionado para una Selección Mundial Infantil que juega un partido benéfico contra estrellas profesionales en el Estadio Azteca de México. Iván viaja con su equipo multicultural de niños a este evento impulsado por UNICEF y FIFA, que busca recaudar fondos para víctimas de un terremoto en África, mientras Iván rivaliza con Morenilla (Fergus Riordan), vive su primer amor con Paula (Carla Campra), combinando épica futbolera con comedia romántica y lecciones de madurez, que intenta aplicar el abuelo de Paula (Antonio Resines). 

Una película para un público infantil que promueve valores deportivos como compañerismo, superación personal, trabajo en equipo y respeto; y que enfatiza la amistad por encima de rivalidades, el coraje ante fracasos y la solidaridad global, recordando que ayudar a otros (como en causas benéficas) enriquece experiencias personales. Una película llena de buenas intenciones, pero que visionada por un adulto deja ver demasiadas costuras sobre su calidad cinematográfica. Una película que engrana con el cine habitual de Roberto Santiago, donde prioriza tramas de amistad, superación y valores positivos, a menudo dirigidas a audiencias familiares. Y como una de sus grandes pasiones desde la infancia es el fútbol, recordamos también El penalti más largo del mundo (Roberto Santiago, 2005) y su prolífica saga literaria “Los Futbolísimos” (con 29 títulos hasta la fecha), que fueron adaptadas al cine como Los Futbolísimos (2019) y Los futbolísimos 2. El misterio del tesoro pirata (2025), ambas dirigidas por Miguel Ángel Lamata. 

- Diamantes negros (Miguel Alcantud, 2013) narra la aventura de dos adolescentes de 15 años que viven en Bamako, capital de Mali, y que, tras ser captados por un ojeador de fútbol español, abandonan sus familias con la promesa de convertirse en estrellas del fútbol europeo. Ellos son Amadou (Setigui Diallo) y Moussa (Hamidou Samaké) y representan a tantos jóvenes africanos que ven en el fútbol una vía de escape para salir de la vida difícil que tienen en sus países y con ello también ayudar a sus familias (quienes ya se han empeñado en parte para comprarles los pasajes de avión y sufragar gastos). 

Y bajo el son de la canción “Kar Kar” del cantante malinense Boubacar Traoré, nuestros jóvenes llegan a Madrid con una sonrisa en la boca. Allí comienza su aventura y la ilusión de triunfar en el deporte, apoyándose como amigos. Y comienzan entrenando en equipos de categorías inferiores, en busca de mejor oportunidad, mientras sus mentores negocian la mejor salida, con una sensación de menores usados como “mercancías” (les cambian el nombre y la edad). Pero las trayectorias de cada uno son divergentes: Moussa es expulsado del equipo por su excesiva individualidad en el juego, es abandonado por su mentor y expulsado del piso que les dejaba, por lo que tiene que dormir en la calle y acaba traficando con drogas, imbuido por el ejemplo de otros inmigrantes, ingresando en un correccional; Amadou acaba teniendo una oportunidad en un equipo portugués, pero una inoportuna lesión del ligamento cruzado de la rodilla, hace que su mentor también le abandone en Lisboa y sin dinero, teniendo que realizar pequeños hurtos para conseguir el dinero que le devuelva primero a Madrid, donde no encuentra a su amigo, y luego a Bamako, donde su familia y amigos le reciben como un fracasado: “Eres una decepción”, le dice su madre. Finalmente el mentor de Moussa le busca en correccional y le encuentra un equipo en Estonia, donde parece que le va a ir bien. Trayectorias donde la exclusión, la delincuencia y el desarraigo hacen mella, mostrando cómo el sueño deportivo se convierte en demasiadas ocasiones en una pesadilla de explotación y abandono. 

El final es contundente: “En las calles de Europa sobreviven unos 20.000 jóvenes africanos traídos por agentes persiguiendo su sueño de jugar al fútbol”. Y todo ello mientras suena la canción “Lundandi” de Tchi Denw, otro autor malinense, interpretada por Amaia Salamanca. Esta película fue ganadora del Premio del Público en Festival de Málaga y, a buen seguro, que ganará el corazón de muchos espectadores. 

Y ello porque la película funciona como cine de denuncia social sobre la trata encubierta de jóvenes talentos africanos en el fútbol europeo, con algunas reflexiones que no nos son ajenas: ese “sueño” como mecanismo de vulnerabilidad, donde la pobreza y la falta de oportunidades convierten el fútbol en una vía de escape, facilitando que redes de intermediarios manipulen expectativas y separen a los menores de sus familias, dando origen a demasiadas “pesadillas”. 

En clave pedagógica, ambas películas, El sueño de Iván y, sobre todo, Diamantes negros, se convierten en dos historias útiles para debatir en aulas o foros sobre la ética del deporte, y concretamente los valores del fútbol para los más jóvenes. Porque todos tenemos una gran responsabilidad en este deporte, desde los jugadores a los espectadores y aficionados, porque somos el espejo en el que miran los más jóvenes. Por ello, la verdadera Copa del Mundo es el juego limpio que enseña a respetar las normas y al rival, que disfruta de la victoria con humildad y acepta la derrota con dignidad. Los adultos (y sus algoritmos en redes sociales) deben dar ejemplo mostrando autocontrol y respeto, destacando siempre valores como el trabajo en equipo y la superación personal, y enseñando a sus hijos o nietos que hay que priorizar la diversión. 

Porque si no lo hacemos así, convertiremos el sueño del fútbol en una pesadilla…

 

miércoles, 22 de julio de 2026

Terapia cinematográfica (23). Prescribir películas para entender las migraciones y la infancia en tránsito

 

Se denomina como migración al desplazamiento de personas desde un lugar de origen hacia otro territorio, ya sea dentro del mismo país o cruzando fronteras internacionales. Puede ser temporal o permanente, voluntaria o forzada, y suele estar ligada a factores económicos, sociales, políticos o ambientales. Las migraciones son uno de los grandes fenómenos de nuestro tiempo. Cada año, millones de personas dejan su lugar de origen para buscar trabajo, seguridad, reunificación familiar o una vida mejor en otro país. Según Naciones Unidas, en 2024 había casi 304 millones de migrantes internacionales en el mundo, una cifra que refleja la magnitud global de este proceso (y, a buen seguro, que es una cifra infraestimada). 

Un movimiento poblacional de este calibre tiene consecuencias (positivas y negativas) tanto en los países de origen como en los países receptores. Las migraciones no son un problema aislado, sino un fenómeno global ligado a la desigualdad, la violencia, el trabajo, el clima y los derechos humanos. Entender sus causas y consecuencias ayuda a ver que detrás de cada flujo migratorio hay historias personales, decisiones difíciles y profundas desigualdades entre regiones del mundo. Un entorno donde no es fácil que predomine el “nosotros” solidarios sobre el “yo” egocéntrico y temeroso. Porque el fenómeno migratorio ocurre desde siempre y siempre ha causado debate y tensiones. 

La migración transforma sociedades enteras. Y nos recuerda que migrar no siempre es una elección libre, sino a menudo una respuesta desesperada a la necesidad. Y el séptimo arte no ha sido ajeno a ello, películas que suelen repetir algunos núcleos narrativos: la salida del lugar de origen por necesidad, el viaje como prueba física y moral, la llegada a un entorno hostil o incierto, la tensión entre integración y pérdida de identidad, el choque entre expectativas y realidad, etc. 

Pero hoy vamos a desviar nuestra mirada hacia el cine que ha tratado la migración hacia la infancia en tránsito, allí donde se retratan niños, niñas y adolescentes que viajan solos o con sus familias, cruzan fronteras, viven en campos de refugiados o crecen entre dos culturas. Relatos que ponen el foco en la vulnerabilidad, la separación familiar, el miedo, la burocracia y también en la capacidad de adaptación y resistencia de la infancia. Y es así que desde esta sección de Terapia cinematográfica hoy recogemos 7 películas argumentales al respecto, y que son, por orden cronológico de estreno: 

- Pelle el conquistador (Pelle erobreren, Bille August, 1987), para recordar que el desarraigo también ha ocurrido en países del primer mundo, en busca de la tierra prometida. 

- Vete y vive (Va, vis et deviens, Radu Mihaileanu, 2005), para entender los sacrificios necesarios para sobrevivir a los movimiento migratorios que ocasionan las guerras. 

- La buena mentira (The Good Lie, Philippe Falardeau, 2014), para descubrir la doble supervivencia de los menores migrantes, tras la huída de su país de origen y tras la llegada al nuevo país. 

 - Collisions (Richard Levien, 2018), para vivir el impacto de los migrantes mexicanos en Estados Unidos y lo que pueden suponer las políticas trumpistas. 

- Minari. Historia de mi familia (Minari, Lee Isaac Chung, 2020), para analizar la metáfora coreana del sueño americana, pero también la de otras nacionalidades. 

- Tori y Lokita (Tori et Lokita, Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, 2022), para conocer un poco mejor la triste realidad de los menos no acompañados (MENAS). 

- Chinas (Arantxa Echevarria, 2023), para revivir la identidad e integración de los hijos de padres emigrantes chinos nacidos en España. 

Siete películas argumentales para conocer y reconocer distintas experiencias de los menores migrantes y esa infancia en tránsito desde diferentes geografías. 

Se puede revisar el artículo completo en este enlace o en este otro.

lunes, 20 de julio de 2026

Epistemiología: fundamento y utilidad en la ciencia

 

La EPISTEMIOLOGÍA no es simplemente un concepto abstracto o una rama lejana de la filosofía; es, en esencia, la herramienta fundamental para el ejercicio de pensar críticamente sobre el acto de conocer. A menudo, el aprendizaje, la investigación y la enseñanza se realizan de manera "automática", repitiendo métodos y teorías como si fueran verdades absolutas sin cuestionar su origen o validez. La epistemología interviene, precisamente, para romper esa inercia, obligándonos a preguntarnos no solo qué sabemos, sino cómo sabemos lo que sabemos. 

a) Definición y fundamentos: de la opinión al conocimiento 

Etimológicamente, el término proviene del griego episteme (conocimiento verdadero) y logos (estudio o reflexión). Por tanto, se define como la reflexión sobre el conocimiento que pretende ser válido, riguroso y justificado. Uno de sus pilares es la capacidad de distinguir entre diferentes tipos de saber: 
- Ciencia vs. Creencia/Opinión: mientras que las opiniones y experiencias personales son valiosas, la epistemología enseña que el conocimiento científico se diferencia por estar respaldado por evidencia y métodos. 
- Límites del conocimiento: no todo se puede conocer de la misma forma; el conocimiento tiene límites y criterios específicos de validación según el área. 
Como señala el filósofo Pablo Guadarrama, si un investigador o docente no comprende desde qué supuestos conoce, en realidad no sabe qué es lo que conoce. 

b) La Epistemología en la investigación y la docencia 

La utilidad práctica de esta disciplina se manifiesta con mayor fuerza en los ámbitos académico y profesional: 
- En la Investigación: evita que el proceso sea una aplicación mecánica de técnicas. Permite al investigador identificar su paradigma (los supuestos sobre la realidad y la verdad) y cuestionar por qué elige un método sobre otro. Sin esta base, la investigación corre el riesgo de estar "vacía de sentido". 
- En la Docencia: transforma la enseñanza de una simple transmisión de datos en la formación de personas con criterio. Un profesor con base epistemológica no busca que el alumno memorice, sino que aprenda a cuestionar fuentes, reconocer sesgos y entender los límites de lo que estudia. 

c) El peligro del reduccionismo 

Cuando se ignora la dimensión epistemológica, el conocimiento se empobrece y cae en el reduccionismo, que consiste en intentar explicar fenómenos complejos mediante una sola lente o causa. Se identifican cuatro formas principales de reduccionismo:
- Reduccionismo teológico: subordina el saber a dogmas incuestionables. 
- Reduccionismo positivista: solo acepta como válido lo que es medible u observable, ignorando la dimensión humana. 
- Reduccionismo economicista: valora el conocimiento únicamente por su rentabilidad financiera. 
- Reduccionismo tecnocrático: prioriza la eficiencia técnica por encima de las personas y sus contextos sociales. 

d) Una visión dialéctica y social del saber 

Frente a las visiones rígidas o utilitaristas, la epistemología propone una mirada ética, social y dialéctica. Esto implica entender que la ciencia no es algo aislado, sino que está profundamente vinculada a los valores humanos y a las consecuencias de lo que se produce. En este sentido, el conocimiento se entiende como poder. La epistemología sirve para humanizar el saber, integrando el contexto social y evitando que la ciencia sirva meramente a lógicas de mercado sin considerar su impacto ético. 

En resumen, la epistemología es una herramienta de emancipación intelectual. Sirve para:1) comprender los paradigmas detrás de lo que hacemos; 2) fomentar el pensamiento crítico frente a la repetición dogmática; 3) distinguir con rigor entre ciencia, ideología y opinión; 4) asegurar que el conocimiento mantenga siempre una dimensión humana y ética. 

e) La Epistemiología aplicada a la ciencia pediátrica 

La Epistemología en pediatría se aplica cuando reflexionamos sobre cómo se genera, valida y aplica el conocimiento clínico y educativo en la atención del niño. Ejjemplos concretos incluyen el diseño de guías de práctica, la comunicación con familias, la investigación sobre desarrollo infantil y la valoración de evidencia en decisiones clínicas. 

Pongamos el ejemplo de la validación de vacunas pediátrica como marco para juzgar cómo se produce, valida y aplica la evidencia sobre seguridad y eficacia; esto guía el diseño de ensayos, la evaluación de datos en las distintas edades pediátricas, y la adopción de vacunas en programas clínicos y de salud pública. 

He aquí algunos puntos epistemológicos clave en la validación de vacunas pediátricas en recién nacidos: 
- Calidad y transferibilidad de la evidencia. Se cuestiona si la evidencia procede de ensayos realizados específicamente en la población pediátrica (edad gestacional, neonatos) o se infiere desde adultos; la epistemología obliga a distinguir validez interna (diseño del ensayo) y validez externa (generalizabilidad) antes de aplicar resultados en la UCIN o en prematuros. 
- Definición de desenlaces relevantes. Decidir qué efectos son “prueba suficiente” (infección sintomática, hospitalización, enfermedad grave, marcadores inmunológicos) requiere una reflexión epistemológica sobre qué variables miden realmente el beneficio clínico en recién nacidos y cuáles son sustitutos aceptables. 
- Tamaño muestral y poder estadístico en neonatos. La epistemología clínica subraya el problema del pequeño tamaño muestral y la heterogeneidad (prematuridad, comorbilidades) en estudios neonatales; esto afecta la certeza sobre efectos raros y sobre subgrupos, y obliga a integrar evidencia observacional y farmacovigilancia postcomercialización. 
- Uso de marcadores inmunológicos como correlatos de protección. Se evalúa críticamente hasta qué punto respuestas serológicas (títulos de anticuerpos) pueden sustituir desenlaces clínicos en neonatos, y cuándo esa inferencia es epistemológicamente razonable o arriesgada. 
- Diseño metodológico coherente. Elegir entre estudios aleatorizados, ensayos adaptativos, estudios de no inferioridad o estudios observacionales depende de la pregunta, la factibilidad y las limitaciones éticas en neonatos; la epistemología orienta la elección metodológica y la interpretación de sesgos potenciales. 
- Vigilancia postautorización y evidencia acumulativa. Dado que muchos ensayos pediátricos no detectan eventos raros, la epistemología exige sistemas robustos de farmacovigilancia, registros y meta-análisis que acumulen evidencia y permitan revisar la certeza sobre seguridad en la práctica real. 
- Comunicación de incertidumbres a las familias. Epistemología aplicada obliga a transparentar límites de la evidencia (intervalos de confianza, incertidumbres en pronóstico) para que las decisiones informadas con los progenitores sean legítimas en el contexto neonatal crítico. 

Por tanto, la Epistemiología (rama de la filosofía que estudia cómo se construye, validad y limita el conocimiento científico) es el cimiento conceptual de la Medicina basada en la evidencia (MBE) o en pruebas científicas. Y la relación entre ambas disciplinas se estructura en tres ejes principales: definición de “evidencia” y “verdad”, validación del conocimiento médico y limitaciones del paradigma.