miércoles, 7 de octubre de 2026

Consenso global para la transición de cuidados en diabetes infanto-juvenil


Acaba de publicarse en la revista Diabetes Care el artículo "The Transition of Youth With Diabetes From Pediatric to Adult Diabetes Care Services: A Consensus Report of the Joint Working Group of the International Society for Pediatric and Adolescent Diabetes (ISPAD), the European Association for the Study of Diabetes (EASD), and the American Diabetes Association (ADA)".  Este informe de consenso conjunto, elaborado por las principales asociaciones internacionales de diabetes, establece una guía integral para el proceso de transición de jóvenes desde servicios pediátricos hacia la atención de adultos. 

El documento subraya que este cambio es un continuo planificado y personalizado que abarca las etapas de pre-transferencia, transferencia y post-transferencia, más allá del simple envío de un historial médico. Debido a que la adultez temprana conlleva desafíos psicosociales que aumentan el riesgo de complicaciones, los expertos proponen la estrategia PROACT, que prioriza la planificación anticipada, la educación continua y el seguimiento de resultados metabólicos. La fuente destaca la necesidad de empoderar al paciente en su autocuidado mientras se mantiene el apoyo familiar y se asegura una comunicación fluida entre los equipos médicos. Finalmente, se ofrecen 31 declaraciones de consenso validadas por profesionales y pacientes para estandarizar la calidad de la atención a nivel global. 

Vamos a destacar dos puntos de interés de este consenso. 

a) ¿Cómo aplicar la estrategia PROACT? 

Para aplicar el modelo PROACT (Plan ahead, educate and Review, involve Others, Assess, provide age-appropriate Care, Track outcomes) en la práctica clínica, la directriz global propone estructurar las intervenciones a lo largo de las tres fases del proceso de transición (pre-transferencia, transferencia y pos-transferencia): 

1. P – Plan ahead (Planificar con antelación) 
- Inicio temprano: iniciar las conversaciones de preparación al menos 12 a 24 meses antes de la fecha estimada de transferencia. 
- Protocolo escrito: desarrollar una guía local de transición consensuada entre los equipos pediátrico y de adultos, el paciente y sus cuidadores. 
- Delimitación de roles: definir con claridad las responsabilidades de cada miembro del equipo multidisciplinario (diabetólogo, educador, nutricionista, psicólogo, trabajo social). 
- Flexibilidad: establecer un rango de edad flexible para el traspaso (por ejemplo, entre los 18 y 25 años) según la madurez individual. 

2. R – Educate and Review (Educar y Revisar) 
- Educación adaptada a la edad: integrar contenidos sobre la transición en la educación diabetológica de rutina desde la adolescencia. 
- Navegación del sistema de salud: instruir sobre aspectos prácticos como cobertura de seguros, costos financieros y adquisición de medicamentos. 
- Temas de estilo de vida: discutir de forma abierta temas clave de esta etapa como salud sexual, anticoncepción, planificación del embarazo, consumo de alcohol/drogas, tabaco y conducción. 
- Revisión continua: identificar y reevaluar periódicamente las brechas de conocimiento, ajustando los contenidos educativos. 

3. O – Involve Others (Involucrar a otros) 
- Traspaso progresivo de responsabilidades: estimular la autonomía del joven en el automanejo mientras se mantiene el apoyo familiar de forma adaptada. 
- Trabajo interdisciplinario: coordinar la comunicación entre el equipo pediátrico, el equipo de adultos, atención primaria y coordinadores de cuidados. 
- Apoyo entre pares: facilitar el contacto con grupos de jóvenes con diabetes y actividades comunitarias (peer support). 

4. A – Assess for transition readiness/outcomes (Evaluar la preparación y resultados) 
- Herramientas estandarizadas: emplear cuestionarios o listas de verificación validadas de preparación para la transición (como READDY u On TRACK). 
- Salud mental y psicosocial: realizar cribados rutinarios (al menos anuales) de distrés por diabetes, síntomas depresivos y trastornos alimentarios. 
- Factores de riesgo: monitorear complicaciones micro y macrovasculares según las directrices internacionales. 

5. C – Provide age-appropriate Care (Atención adaptada a la edad) 
- Modelos facilitadores de transferencia: implementar consultas compartidas (joint clinics) entre pediatría y adultos, o nombrar a un coordinador/navegador de transición. 
- Resumen clínico escrito: elaborar y enviar un informe médico detallado acordado con el joven antes de la transferencia. 
- Continuidad asistencial: garantizar que la primera cita en adultos se programe dentro de los 3 a 4 meses posteriores a la última consulta pediátrica. 
- Seguimiento estrecho y flexible: mantener visitas cada 3 meses durante el primer año de pos-transferencia e integrar la telemedicina como opción flexible de acceso. 

6. T – Track outcomes (Rastrear y monitorear resultados) 
- Medición de indicadores: registrar parámetros clínicos (HbA1c, complicaciones) y resultados reportados por el paciente (calidad de vida, satisfacción). 
- Prevención del abandono: monitorear las tasas de pérdida de seguimiento (loss to follow-up) y visitas a urgencias. 
- Mejora continua: utilizar registros electrónicos de salud y metodologías de calidad (como los ciclos PDSA) para evaluar y optimizar el programa local a largo plazo. 

b) Desglose de las 31 recomendaciones del consenso 

Aquí se resume el desglose estructurado de las 31 declaraciones de consenso elaboradas por ISPAD, EASD y ADA, organizadas a lo largo del continuo de la atención y sus tres etapas: 

1. Continuo General de Transición (Declaraciones 1–11) 

1. Atención individualizada: debe ser adaptada al nivel de desarrollo y enfatizar la adherencia al automanejo y uso de fármacos para prevenir complicaciones. 

2. Reconocimiento de vulnerabilidad: apoyar a los jóvenes que enfrentan dificultades psicosociales, educativas o laborales que afectan el control glucémico y el acceso al sistema de salud.

3. Cribado psicosocial rutinario: evaluar distrés por diabetes, síntomas depresivos y conductas alimentarias alteradas con herramientas validadas desde el diagnóstico y derivar a especialistas cuando sea necesario. 

4. Cribado vascular: controlar factores de riesgo micro y macrovasculares según las directrices internacionales. 

5. Monitoreo de salud mental: evaluación psicológica al menos anual, incluso en pacientes con buen afrontamiento aparente. 

6. Empoderamiento y educación: proporcionar recursos enfocados en promover el automanejo y la comprensión de necesidades individuales. 

7. Apoyo en desafíos de etapa: ayudar en la gestión del estrés, relaciones con pares y cambios en el estilo de vida. 

8. Rol activo del paciente: fomentar que el joven asuma paulatinamente un papel activo en las decisiones sobre su salud. 

9. Participación familiar progresiva: mantener el apoyo familiar mientras se promueve la transferencia paulatina de responsabilidades al paciente. 

10. Navegación del sistema y emergencias: capacitar al joven para reconectarse con el equipo médico si interrumpe el seguimiento e instruir sobre el acceso a urgencias. 

11. Hábitos y estilo de vida: discutir salud sexual, anticoncepción, planificación del embarazo, consumo de alcohol, drogas, tabaco y conducción. 

2. Fase de Pre-transferencia (Declaraciones 12–18) 

12. Política o guía local: cada centro pediátrico debe desarrollar un protocolo escrito compartido tempranamente y acordado con el paciente y sus cuidadores. 

13. Definición de roles: delimitar las responsabilidades de cada integrante del equipo multidisciplinario (diabetólogo, educador, nutricionista, psicólogo, trabajo social). 

14. Educación continua e integrada: incorporar temas de transición en la educación diabetológica habitual según la edad del paciente. 

15. Inicio oportuno: comenzar las conversaciones de preparación al menos 12 a 24 meses antes de la fecha de transferencia estimada. 

16. Evaluación de conocimientos: identificar brechas de automanejo y brindar educación personalizada. 

17. Uso de listas de verificación (checklists): emplear herramientas estructuradas de preparación para verificar que se aborden todas las competencias necesarias. 

18. Espacio para inquietudes: invitar al joven a expresar sus dudas y preocupaciones sobre el traspaso a adultos. 

3. Fase de Transferencia (Declaraciones 19–26) 

19. Cita inicial en adultos: programar la primera consulta con el profesional de adultos dentro de los 3 a 4 meses posteriores a la última visita pediátrica o conjunta. 

20. Directorio de profesionales: contar con un listado de especialistas de adultos con experiencia en la atención de adultos jóvenes. 

21. Consultas conjuntas (Joint clinics): ofrecer visitas compartidas entre equipos pediátricos y de adultos cuando la logística lo permita. 

22. Coordinador o navegador de transición: disponer de una figura dedicada (enfermero/coordinador) para agilizar citas, dar seguimiento y evitar pérdidas de continuidad. 

23. Comunicación entre equipos: transmitir de forma oportuna la información clínica crítica (esquemas de tratamiento, laboratorios, complicaciones). 

24. Resumen médico por escrito: proporcionar un informe detallado con el historial clínico consensuado con el joven antes de la transferencia. 

25. Orientación práctica y financiera: informar sobre seguros médicos, costos de atención y disponibilidad de insumos/medicamentos. 

26. Apoyo entre pares: promover la vinculación con grupos de pares y actividades comunitarias. 

4. Fase de Pos-transferencia (Declaraciones 27–31) 

27. Evaluación continua de habilidades: detectar y abordar de forma continuada nuevas brechas de conocimiento en el entorno de adultos. 

28. Seguimiento psicosocial: mantener la evaluación y el soporte de la salud emocional en el servicio de adultos. 

29. Competencia en emergencias: comprobar la capacidad práctica del joven para manejar y acceder a cuidados de urgencia. 

30. Frecuencia de consultas: agendar visitas al menos cada 3 meses durante el primer año tras la transferencia para prevenir el abandono del seguimiento. 

31. Telemedicina y atención virtual: utilizar la teleconsulta como complemento a las visitas presenciales para facilitar el acceso a jóvenes con alta alfabetización digital.

lunes, 5 de octubre de 2026

Cine y docencia en el Día Mundial de los Docentes


Hoy, 5 de octubre, la UNESCO estableció a nivel internacional la celebración del Día Mundial de los Docentes, aunque en España se mantiene tradicionalmente la fecha del 27 de noviembre, en honor a San José de Calasanz, sacerdote y pedagogo considerado el patrón de los educadores. Y por ese motivo, y en conjunto con el proyecto Contraste de Fundación Aprender a Mirar, hoy comparto esta publicación, realizada de un artículo publicado hace medio año: "La docencia a través del séptimo arte: alumnos, aulas y profesores a escena".   

Y con este mismo título se comparte este post de Contraste (revisar en este enlace), en el que se analizan un buen número de película en estos apartados.  

1. El aula como escenario de vida 

El cine, desde su nacimiento, ha mantenido un idilio ininterrumpido con la educación. No es una coincidencia azarosa, porque tanto una película como una clase comparten la misma materia prima: la mirada. Si educar es ayudar a otros a ver el mundo por primera vez, el cine es la herramienta que nos permite volver a verlo con ojos renovados. 

A lo largo de la historia, las películas han documentado la transformación del ecosistema educativo y han servido de notario emocional de los cambios en la infancia y la adolescencia. Al proyectar la figura del docente, el séptimo arte no solo rinde homenaje a una profesión, sino que explora la esencia misma de la mentoría: ese instante sagrado en que un adulto (profesor) decide apostar por el potencial invisible de la infancia y adolescencia (alumnos). 

2. La docencia en el cine de EE.UU. 

En el cine estadounidense, las películas centradas en la docencia suelen construir relatos muy marcados por el individualismo y la épica personal. El profesor o profesora aparece con frecuencia como una figura excepcional –a veces un outsider– que, gracias a su carisma, compromiso moral y métodos poco convencionales, logra transformar a un grupo de alumnos inicialmente desmotivados o problemáticos. El aula se presenta como un espacio de conflicto social (desigualdad, racismo, violencia, falta de expectativas), pero también como un lugar de redención, donde la educación se convierte en la vía para el ascenso personal y la superación de las circunstancias de origen. Todo ello generalmente apoyado sobre estructuras emocionales y optimistas, con arcos de superación claramente definidos y finales que refuerzan la fe en el sistema educativo como motor de progreso. 

3. La docencia en el cine de Francia 

En el cine francés, las películas centradas en la docencia tienden a adoptar un enfoque más realista, coral y analítico. Por un lado, el aula se presenta como un microcosmos social donde confluyen tensiones culturales, lingüísticas y de clase. Por otro lado, la figura del profesor aparece como un trabajador inserto en una institución compleja, con límites claros y contradicciones estructurales. 

En este contexto, la atención suele desplazarse a los procesos cotidianos de enseñanza, al diálogo –y al conflicto– entre profesor y alumnado, así como a la dificultad real de transmitir conocimientos y normas en contextos de diversidad social y cultural. Es por eso que estas películas privilegian un tono sobrio y observacional, cercano en ocasiones al documental, con diálogos extensos y una puesta en escena poco enfática. Y, en esta línea, los finales invitan a reflexionar sobre el papel de la institución educativa en la reproducción –o cuestionamiento– de las desigualdades sociales y las libertades, más que prometer una clara redención o éxito. 

4. La docencia en el cine de España 

En el cine español, las películas centradas en la docencia suelen abordar el aula como un espacio atravesado por la memoria histórica, los cambios sociales y las tensiones generacionales. El profesorado aparece con frecuencia como una figura vulnerable, condicionada por el contexto político, económico o institucional, y no siempre capaz de transformar de manera decisiva a su alumnado. La escuela se presenta tanto como lugar de aprendizaje como de conflicto, donde emergen cuestiones vinculadas a la autoridad, la precariedad, la diversidad cultural o la herencia de modelos educativos del pasado. 

Desde el punto de vista narrativo, estas películas tienden a combinar el realismo social y una dimensión íntima, con una atención especial a las relaciones personales y al entorno inmediato (familia, barrio, comunidad). Más que ofrecer soluciones claras o triunfalistas sobre la educación, el cine español plantea interrogantes sobre el papel del docente en una sociedad en transformación y sobre las limitaciones del sistema educativo para responder a desigualdades persistentes, haciendo del aula un reflejo directo de las tensiones y contradicciones del país. 

5. La docencia en el cine de todas las pantallas del mundo 

Por distintas circunstancias hemos destacado tres filmografías (Estados Unidos, Francia y España) en este recorrido por las películas que abordan el mundo de la docencia, ese triángulo entre profesores, alumnos y aulas docentes. Sin embargo, no hay duda de que estas películas se expanden alrededor de distintos países con sus personales enfoques. Así pues, no podemos cerrar este blog sin hacer mención a otros títulos destacados de alrededor del mundo que, de igual forma, invitan a reflexiones profundas, abren debates necesarios y despiertan necesarias emociones en los espectadores de distintas generaciones. 

Porque cine, infancia y docencia dan para muchos temas para la reflexión, tal como hemos analizado. Y ya en nuestro libro Cine y Pediatría 11 hicimos un homenaje especial a los docentes y la docencia.  

 

sábado, 3 de octubre de 2026

Cine y Pediatría (873) “Bailo por dentro” desde mi silla de ruedas


La discapacidad no radica solo en el individuo, sino también en el resultado de un entorno inaccesible (barreras físicas, sociales o políticas) que choca con la deficiencia de la persona. Las formas más comunes de discapacidad son la física o motora (como la parálisis cerebral y la distrofia muscular de Duchene), la intelectual (retraso mental como el síndrome de Down y el trastorno del espectro alcohólico fetal), la sensorial (baja visión o ceguera y sordera parcial o total), la psicosocial: (como la depresión grave, la esquizofrenia o el trastorno bipolar), la orgánica (como problemas cardíacos, respiratorios o renales), así como la pluridiscapacidad (cuando se combina dos o más tipos de discapacidad de forma simultánea). Y sobre ello versa nuestra historia de hoy, sobre esa discapacidad que postra en silla de ruedas y el deseo de independencia, como se refleja en la película irlandesa-británica Bailo por dentro (Damien O'Donnell, 2004). 

“Carrington, una residencia especial para gente especial”. Así luce el letrero a la entrada de este centro de Dublín para personas con distintas necesidades de apoyo por su discapacidad. Allí conocemos a Michael Connolly (Steven Robertson), un joven de 24 años que vive desde hace tiempo en esta residencia, afecto de parálisis cerebral infantil tetraparésica, quien se desplaza en silla de ruedas y se comunica con un lenguaje que es difícil de entender y donde apenas unas pocas personas consiguen comprenderlo (lo suplen señalando el alfabeto de un libro); parece conformarse con una existencia tranquila, rutinaria y protegida dentro del centro, una vez que dejó de tener el apoyo familiar (su madre murió y su padre le abandonó). Todo cambia con la llegada de Rory O’Shea (James McAvoy), un joven de su edad irreverente y lleno de energía que padece distrofia muscular de Duchenne, también anclado a una silla por la progresiva debilidad, pero con todo el resto de sus funciones conservadas. Rory entra en la residencia como una tormenta: cuestiona las normas, se burla de la burocracia y se niega a aceptar que la institucionalización sea el único destino posible para personas como él. Y basta ver cómo se presenta en Carrington: “Rory O´Shea, distrofia muscular de Duchenne. Además de mi voz, conservo el movimiento de dos dedos de la mano derecha, suficiente para moverme y consolarme. Podéis darme la mano o besarme el culo, pero no esperéis que yo os haga lo mismo”. 

Rory entiende el habla de Michael cuando casi nadie más lo hace. Esa comprensión inmediata es el origen de su amistad: por primera vez, Michael se siente verdaderamente escuchado. Rory le contagia su deseo de vivir, de salir, de enamorarse y de tomar decisiones; juntos planean abandonar Carrigmore y alquilar un piso propio, pese a las objeciones de la dirección y de los servicios sociales. Y es por ello que, más que una película “sobre la discapacidad”, es una historia sobre la amistad, el deseo, la autonomía y el derecho a decidir la propia vida. Y es así que finalmente lo consiguen: “Sólo tú y yo en el paraíso de los lisiados. ¡Libertad!”, grita Roy. Y en la escena en la que los dos lo celebran bailando en su silla de ruedas ya expresan la esencia del film: “Estoy bailando por dentro”. 

Pero para conseguir la vida independiente necesitan una asistente personal, por lo que realizan un casting de posibles candidatos. Finalmente contratan a Siobhan (Romola Garai), una joven inexperta pero decidida, que comparte piso con ellos y se convierte en pieza esencial de su nueva autonomía. Los tres forman una peculiar familia elegida: discuten, celebran, cuidan y se necesitan. Salidas, copas, coqueteos y deseo cotidiano rompen el estereotipo de la asexualidad impuesta a las personas con discapacidad; los protagonistas quieren amar y ser deseados como cualquier persona joven. Y es así que la conquista de la independencia se complica cuando ambos se enamoran de Siobhan. Ella los quiere, pero su amistad no puede convertirse en lo que ellos fantasean, lo que corresponde al momento emocional más doloroso del filme: “Me pagas para que trabaje, pero lo que siento no es amor. Es gratitud, nada más”. Y ya el propio Roy le dice a Michael: “¿Qué le puedes ofrecer? Vete al baño y mírate un momento en el espejo”. 

El final enfrenta al espectador con la fragilidad de Rory, quien fallece tras una neumonía complicada, y con la ternura de una amistad que ha transformado a Michael. Sin resolver todo con un final perfecto, la película insiste en que haber vivido con libertad, deseo y dignidad ya ha cambiado irreversiblemente la vida de los protagonistas. Y resuena uno de los últimos mensajes de Rory a su amigo: “No necesitas a nadie. Eres tu mejor amigo”. 

Pero en películas que tratan este tipo de temas, no es ajena la crítica implícita al reparto. Y algunas críticas señalaron que los dos protagonistas, interpretados por actores sin las discapacidades de sus personajes, debilitaban parcialmente el mensaje; aun así, las interpretaciones de Steven Robertson (quien formó parte del elenco de Neds - Peter Mullan, 2010 -) y de James McAvoy (en uno de sus primero papeles de lo que es ya una prolífica filmografía, con títulos como El último rey de Escocia - Kevin Macdonald, 2006 – o Expiación, más allá de la pasión – Joe Wright, 2007 -) fueron muy elogiadas. 

Una historia de amistad y superación en silla de ruedas de dos jóvenes con discapacidad motora, una relación complementaria donde Rory libera a Michael de su pasividad, y donde Michael aporta a Rory una escucha, una calma y una profundidad emocional que él necesita. Y que nos permite subrayar que la discapacidad no define a la persona (pues eso no agota la identidad de cada uno) y que la independencia no se presenta como un lujo, sino como una necesidad de dignidad. Porque la verdadera exclusión que combate el filme no es solo arquitectónica o física: es la tendencia social a ver a las personas con discapacidad como pacientes, niños o objetos de compasión. Y donde el sexo también es un derecho, en esta historia tratada como un deseo romántico, pero que en otros films se ha mostrado de forma más explícita y recodamos títulos como la película suiza Dora y la revolución sexual (Stina Werenfels, 2015), la película estadounidense Campamento extraordinario (James Lebrecht, Nicole Newnharn, 2020) o la película española La consagración de la primavera (Fernando Franco, 2022),    

El mensaje de Bailo por dentro sigue siendo vigente: todas las personas tienen derecho a una vida propia, con vínculos, deseo, errores, riesgo y dignidad.