sábado, 11 de julio de 2026

Cine y Pediatría (861) “Mandy”, el oralismo y la sordera social

 

Ealing Studios son unos estudios británicos de cine situados en Londres, cuyo nombre quedó especialmente asociado al cine británico clásico de posguerra, sobre todo a las comedias satíricas y de humor negro de los años 40 y 50. Pero este lugar no fue solo un lugar físico de rodaje, sino una verdadera fábrica de estilo: bajo la dirección de Michael Balcon, reunió a directores, guionistas y actores que dieron forma a una identidad muy marcada del cine británico que combinaba realismo, humor satírico y crítica social. 

Ealing Studios alcanzó su momento más famoso entre finales de los 40 y mediados de los 50, y ello gracias principalmente al director Alexander Mackendrick, quien firmó al menos ocho títulos con la compañía, afianzándose como uno de los grandes nombres de la comedia inglesa de posguerra, donde destacan títulos como El hombre de traje blanco (1951) y El quinteto de la muerte (1955), pero en donde incluye una obra abiertamente dramática, que es la que hoy nos convoca: Mandy (1952). En 1955 la compañía fue vendida a la BBC, y su etapa clásica como gran productora terminó poco después. A partir de ahí combinó una corta carrera posterior entre Estados Unidos y Reino Unido, donde nos dejó una obra tan particular como Viento en las velas (1965), adaptación de la novela de Richard Hughes “A High Wind in Jamaica”, la historia de un grupo de niños que son secuestrados por piratas, lo que da pie a una narrativa que explora la inocencia, la moralidad y la adaptación infantil a circunstancias extremas.  

Mandy es un melodrama de enorme delicadeza formal y gran dureza emocional: parte de la sordera infantil para hablar, en realidad, de incomunicación familiar, represión social y del precio humano de “proteger” a alguien sin escucharlo de verdad. Su fuerza no está tanto en el énfasis lacrimógeno como en la precisión con que observa a los personajes y en cómo convierte el silencio en experiencia dramática. 

La película comienza con esta voz en off presentándonos a la protagonista: “Esta es Mandy, o mejor dicho, Amanda Jane Garland. Tiene dos años. Amanda en latín significa “merece ser amada”. Merecido o no, lo cierto es que recibe mucho amor. Es nuestra única hija, así que Harry y yo nos dedicamos a soñar con que será una mujer de negocios o una artista, o una simple ama de casa, como yo. Y nos preocupamos todo el rato por su salud, y por si crece como es debido. Parece bastante inteligente…” Esta es la reflexión de la madre antes de manifestar la duda que le acompañ: “Tienes dos años y aún no dice una palabra”. Le quieren quitar importancia, dada la variabilidad en el lenguaje, pero la madre presiente que algo no va bien…pues tampoco comprueban que tampoco reacciona a los ruidos. 

Porque el matrimonio Garland (Terence Morgan y Phyllis Calvert) vive feliz con su única hija, Mandy (Mandy Miller), hasta que un día, ya cumplidos los dos años, se dan cuenta de que la niña es sordomuda. Deciden instalarse en casa de los abuelos paternos, para protegerla y que no sufra el contacto con otros niños en la escuela. Cuando la niña cumple seis años, su madre decide llevarla a una escuela especializada, lo que provoca un conflicto con su esposo y sus suegros. La madre apuesta por internarla en una escuela para niños y niñas sordomudos y por abrir a la niña al mundo; el padre y la familia paterna prefieren mantenerla “a salvo” dentro del hogar, aunque eso signifique aislarla. La polémica está servida en una familia burguesa dividida entre negación, sobreprotección y miedo al cambio. 

El inicio de Mandy en la institución no es fácil y lo manifiesta con aislamiento, tristeza y ataques de ira. Y entonces deciden acogerla como externa, viviendo la madre cerca, quien ya se ha alejado de su marido. Se establece una relación especial con el director, Dick Searle (Jack Hawkins), que otros confunden… En esta institución se utiliza el método del oralismo, es decir, la enseñanza centrada en hablar y leer los labios, relegando la lengua de signos. Y finalmente nos aboca a un final que parece esperanzador, pero de lectura ambigua: la niña avanza, aunque el precio humano para su madre y para el equilibrio familiar es alto. 

Mackendrick dirige con una sobriedad muy controlada, evitando la sentimentalidad fácil pese al material melodramático. El blanco y negro y el uso expresivo de sombras refuerzan la sensación de encierro doméstico y de emociones reprimidas. Especialmente importante es el trabajo con el sonido: la película recurre en momentos clave a la supresión o atenuación auditiva para aproximarse a la experiencia de Mandy, transformando el silencio en un recurso narrativo y sensorial. La puesta en escena también utiliza primeros planos, encuadres que aíslan el rostro o incluso la nuca de la niña, para subrayar su dificultad de comunicación. Y donde cabe destacar que la pequeña actriz Mandy Miller, no siendo sordomuda, hace una interpretación de gran solvencia, allí donde esa niña no es solo víctima de su sordera, sino también de la incapacidad adulta para asumir la realidad sin prejuicios ni miedo. 

Más allá de la historia íntima, Mandy funciona como crítica de la mentalidad conservadora de la posguerra británica y de la obsesión por las apariencias en la clase media. El film muestra cómo la respetabilidad, el patriarcado y la rigidez institucional pueden convertirse en barreras tan dañinas como la propia enfermedad o discapacidad. Pero también tiene una dimensión pedagógica: introduce la educación especial y la comunicación con personas sordas, tal como ya conocemos en films posterior alrededor de este tema como El milagro Ana Sullivan (Arthur Penn, 1962), a través del proceso educativo de Helen Keller, o La historia de Marie Heurtin (Jean-Pierre Améries, 2014), con la educación de Marie Heurtin, ambos hechos reales acaecidos a finales del siglo XIX, el primero en Estados Unidos, el segundo en Francia.   

Mandy no es una historia real, sino de ficción y que nos sitúa en la Inglaterra de mediados de siglo XX. Pero que nos deja una serie de enseñanzas para reflexionar: que escuchar de verdad implica aceptar la diferencia, no forzarla a entrar en nuestras expectativas; que el amor puede volverse opresivo cuando se confunde con control; que la educación es un acto ético (no se trata solo de enseñar contenidos, sino de abrir posibilidades de vida) y que la familia puede ser refugio, pero también prisión cuando bloquea la autonomía. 

Mandy nos recuerda que la discapacidad no reside solo en el cuerpo, sino también en la sociedad que no sabe adaptarse. Una película que ocupa un lugar singular, la obra más abiertamente dramática de Mackendrick y una de las más finas en el retrato de la infancia herida y de la comunicación fallida. Por eso, y pese a los años, sigue siendo una película muy valiosa: no solo emociona, sino que obliga a pensar cómo miramos la diferencia, cómo educamos y hasta qué punto el cariño puede llegar a dañar cuando se impone sin escucha. Mackendrick sugiere que el verdadero problema no es solo “hacer hablar” a la niña, sino aprender a escucharla de verdad. 

Y desde el punto de vista docente, nos muestra una época en la que ese enfoque educativo del oralismo era discutido y aún no se había consolidado una visión más plural e inclusiva de la discapacidad. Por eso, Mandy tiene interés histórico y pedagógico además de cinematográfico: porque en el siglo XVI un monje benedictino español, Pedro Ponce de León, comenzó con lo que sería el lenguaje de signos, pero fue desde el Congreso de Milán de 1880 cuando tomó fuerza el oralismo, es decir el método educativo basado en forzar a las personas sordas a aprender a leer los labios y a emitir sonidos, suprimiendo el uso de las manos. Y es así como la polémica histórica entre el oralismo y la lengua de signos ha evolucionado hacia un consenso científico a favor del enfoque bilingüe: la lengua de signos como la primera lengua, que se aprende de forma natural y temprana a través de la vista, garantizando que el cerebro del menor desarrolle el pensamiento, la gramática y la estructura cognitiva sin retrasos; la lengua oral como la segunda línea, que se aprende de forma formal, apoyada en logopedia, restos auditivos e implantes, de forma que un niño con una base sólida en signos aprende a leer y escribir el idioma con mayor facilidad.

 

miércoles, 8 de julio de 2026

Actualizaciones de EvidenceUpdates en Neonatología (XXIX): primer semestre 2026

 

Un semestre más - y llevamos 29 ediciones - retornamos con las actualizaciones de EvidenceUpdates en Neonatología, en esta ocasión con el primer semestre del 2026, tanto para revistas biomédicas como en Colaboración Cochrane. 

Como es habitual, seleccionamos aquellas revisiones sistemáticas con una puntuación > 5 en las áreas de interés de EvidenceUpdates: 













lunes, 6 de julio de 2026

Un año de conflicto médico: análisis DAFO-CAME


Es bien conocido que en España se está viviendo un conflicto prolongado en torno al nuevo Estatuto Marco, con sucesivas convocatorias de huelga y movilizaciones que en el mes de junio de 2026 acaba de cumplir un año. Un movimiento sindical ha evolucionado desde protestas puntuales hasta una estrategia sostenida de presión, materializándose en huelgas de una semana cada mes en los últimos meses. Y que, además, existe el anuncio de una posible huelga indefinida tras el verano si no hay acuerdo. 

Vale la pena reflexionar sobre ello…tras este año vivido.

a) Las reivindicaciones de los médicos 

Se han ido consolidándose durante el conflicto y pueden resumirse en siete grandes ejes: 
- Estatuto propio para la profesión médica, separado del Estatuto Marco común. 
- Reconocimiento de la especificidad del ejercicio médico, por la responsabilidad clínica y la duración de la formación. 
- Jornada laboral de 35 horas, limitando el exceso de jornada. 
- Reforma de las guardias, con reducción de las jornadas de 24 horas, mejor remuneración y cómputo para la jubilación. 
- Clasificación profesional acorde con la cualificación. 
- Jubilación flexible, sin penalizaciones y con reconocimiento de la responsabilidad profesional. 
- Rechazo a determinadas medidas incluidas en el borrador del Estatuto relacionadas con movilidad obligatoria y régimen de incompatibilidades. 

b) La respuesta de la sociedad 

La reacción social ha sido ambivalente. Por un lado, elevada comprensión entre buena parte de los pacientes respecto a la sobrecarga asistencial y amplio respaldo dentro del propio colectivo sanitario. Pero la prolongación del conflicto ha provocado retrasos en consultas, suspensión de intervenciones, incremento de listas de espera y preocupación creciente entre asociaciones de pacientes. 

Esta dualidad explica que el apoyo social, inicialmente muy elevado, pueda erosionarse conforme aumenta el impacto asistencial. Y por ello conviene analizar la situación si el conflicto se prolonga, tal cual parece por la elevando la presión de los sindicatos hacia Mónica García, la Ministra de Sanidad. 

c) Análisis DAFO-CAME 

El análisis DAFO (Debilidades, Amenazas, Fortalezas, Oportunidades) y su posterior enfoque estratégico CAME (Corregir, Afrontar, Mantener, Explotar) para este conflicto podemos estructurarlo con estos puntos. 

1. Análisis DAFO 

1.1 Debilidades (Factores Internos) 

- Desgaste físico y económico: tras 12 meses, los médicos sufren una notable merma salarial y un agotamiento físico extremo, lo que puede implicar pérdida de participación. 

- Fragmentación sindical: falta de unanimidad total entre todas las comunidades autónomas y distintos niveles asistenciales. 

- Impacto desigual: los servicios mínimos limitan el efecto real de la huelga; además, se puede dar una participación desigual según comunidades y especialidades. 

- Riesgo reputacional: cuanto mayor es la duración, más fácil resulta que parte de la sociedad identifique el conflicto con listas de espera, operaciones suspendidas y retrasos de consultas. 

1.2 Amenazas (Factores Externos) 

- Cronificación y población afectada: cerca de tres millones de actos médicos suspendidos y listas de espera disparadas en todo el país. 

- Respuesta institucional: inacción o falta de competencias directas alegada tanto por el Ministerio de Sanidad como por las consejerías autonómicas.

- Normalización del conflicto: si el conflicto deja de ser noticia, la presión política disminuye.

1.3. Fortalezas (Factores Internos) 

- Unidad en las reivindicaciones: consenso nacional sobre la necesidad imperiosa de un Estatuto Médico y Facultativo propio. 

- Capacidad de presión: elevado impacto al suspender actividad voluntaria, afectando directamente a los planes de choque autonómicos. Y ello porque la asistencia sanitaria es un servicio esencial. 

- Alto prestigio social de la profesión médica y legitimidad técnica: resulta relativamente sencillo explicar a la opinión pública problemas como guardias de 24 horas, exceso de jornada y fuga de especialistas. 

1.4 Oportunidades (Factores Externos) 

- Negociación del Estatuto Marco: el Anteproyecto de Ley permite a los sindicatos exigir enmiendas y mejoras reales en el texto legislativo. 

- Apoyo social: conciencia de la ciudadana sobre la precarización de la sanidad pública y la necesidad de retener talento. 

2. Enfoque CAME 

2.1. C - Corregir Debilidades 

- Fomentar cajas de resistencia y turnos rotatorios para mitigar el impacto económico individual de la huelga en los facultativos. 

- Mejorar la comunicación de las reivindicaciones médicas a la sociedad civil para evitar que se perciba como una medida exclusivamente política. Explicar mejor el impacto sobre la calidad asistencial y evitar la percepción de conflicto exclusivamente salarial. 

- Ampliar alianzas con otros profesionales 

2.2. A - Afrontar Amenazas 

- Exigir la mediación de un comité independiente entre las consejerías autonómicas y el Ministerio de Sanidad para desbloquear las competencias cedidas. 

- Redirigir el foco de la protesta de huelgas indefinidas masivas a huelgas quirúrgicas o de actividad voluntaria para presionar sin castigar el día a día del paciente crítico. 

- Reducir el desgaste mediante estrategias escalonadas y mantener visible el conflicto (producir evidencia científica sobre las consecuencias de las condiciones laborales). 

2.3. M - Mantener Fortalezas 

- Mantener el frente común nacional por el Estatuto Médico propio, evitando que el conflicto se diluya en negociaciones territoriales aisladas. 

- Continuar con las concentraciones frente a las instituciones para asegurar la visibilidad del problema y evitar el conformismo tras un año de paros. 

- Mantener un discurso técnico y seguir centrando el debate en la seguridad del paciente y la calidad asistencial. 

2.4. E - Explotar Oportunidades 

- Aprovechar la tramitación parlamentaria del Estatuto Marco en el Congreso para forzar a los grupos políticos a incluir las demandas del sector médico. 

- Utilizar la saturación de las listas de espera como evidencia tangible ante la administración de que el sistema necesita una reestructuración profunda. 

- Vincular las reivindicaciones con la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud y convertir el conflicto en una negociación sobre el modelo sanitario, no solo sobre condiciones laborales. 

Un año después, la huelga médica ha trascendido el debate sobre salarios o jornadas para convertirse en un reflejo de las tensiones estructurales del Sistema Nacional de Salud: escasez de profesionales, envejecimiento de las plantillas, dificultades de retención y un modelo de negociación que muchos médicos consideran insuficiente para reconocer la especificidad de su ejercicio. El desenlace no dependerá únicamente de la resistencia del colectivo o de la posición del Ministerio, sino de la capacidad de ambas partes para convertir un conflicto prolongado en una oportunidad de reforma. De lo contrario, el principal riesgo es que la huelga deje de ser un instrumento de cambio y pase a formar parte de la normalidad del sistema sanitario.