sábado, 29 de agosto de 2026

Cine y Pediatría (868) “Didi”, coming of age entre la identidad digital y la identidad cultural


El cine bajo la denominación del anglicismo coming of age, ese tránsito que nos lleva de la adolescencia a la madurez juvenil, ha encontrado en las últimas décadas nuevas formas de representar el tránsito adolescente, desplazándose desde modelos más esquemáticos hacia retratos complejos donde la fragilidad, la pertenencia y la autoimagen ocupan el centro del relato. En ese contexto, la película estadounidense Dìdi (Sean Wang, 2024), basada en la propia experiencia del director como un adolescente de origen taiwanés afincado en Estados Unidos en el año 2008, sobresale por su atención a las zonas menos heroicas del crecimiento: la torpeza social, la inseguridad corporal, la vergüenza afectiva y la tensión entre los mandatos familiares y el deseo de encajar en el grupo. 

Y Didi se suma a los numerosos ejemplos de coming of age que hemos tratado ya en Cine y Pediatría y desde todas las latitudes. He aquí algunos ejemplos: desde Canadá, C.R.A.Z.Y. (Jean-Marc Vallée, 2005); desde España, El camino de los ingleses (Antonio Banderas, 2006); desde Islandia, Hearstone: Corazones de piedra (Gudmundur Arnar Gudmudsson, 2016); desde Italia, Call Me by Your Name (Luca Guadagnino, 2017); desde Estados Unidos, Lady Bird (Greta Gerwing, 2017); desde Colombia, Niña errante (Ramón Mendoza, 2018); desde Egipto, Yomeddine (A.B. Shawky, 2018); desde Francia, Adolescentes (Sébastien Lifshitz, 2019); desde el Reino Unido, Belfast (Kenneth Branagh, 2021); desde Dinamarca, Nada (Trine Piil Christensen, Seamus McNally, 2022); desde Suecia, Paradise is Burning (Mika Gustafson, 2023); y un largo etcétera.            

Pero volvamos a nuestra película de hoy, Didi, que no presenta la adolescencia como una simple etapa biológica, sino como una experiencia moral y cultural. El protagonista, Chris Wang (Izaac Wang), un adolescente de 13 años, se mueve entre varios mundos a la vez: el hogar marcado por la herencia taiwanesa, el espacio escolar y amistoso regulado por códigos juveniles estadounidenses, y el universo digital emergente de 2008, donde la identidad comienza a representarse y negociarse públicamente a través de plataformas como MySpace, Facebook y YouTube. Esa triple pertenencia confiere a la obra una singular densidad sociológica y emocional. Adolescencia, inmigración e identidad cultural que se alzó con el Premio del Público y del Premio Especial del Jurado al mejor elenco en Sundance 2024, alrededor de este adolescente estadounidense de origen taiwanés que, durante aquel verano se enfrenta a sí mismo y a sus raíces y al racismo mientras navega en redes sociales buscando validación personal. 

Chris Wang vive en California con su madre (Joan Chen), su abuela y su hermana mayor (por cierto, el título de la película, Didi, significa en mandarín “hermano menor”, que es apelativo cariñoso en su familia), y se enfrenta a varios aprendizajes simultáneos: la necesidad de ser aceptado por sus amigos, la atracción amorosa, el deseo de formar parte del mundo del skate (y su afición a grabar las trucos con la tabla) y la dificultad de comprender a una madre con la que mantiene una relación afectiva intensa, pero también conflictiva. En la superficie narrativa, los acontecimientos son modestos. No hay grandes giros melodramáticos ni conflictos extraordinarios. Sin embargo, la película entiende que para un adolescente los pequeños fracasos cotidianos poseen una intensidad total: una conversación mal resuelta, una foto humillante, un gesto de rechazo, una mentira para parecer más interesante o un comentario fuera de lugar pueden alterar por completo la percepción de sí mismo. Esa escala emocional es uno de los mayores logros del film. 

Al mismo tiempo, el relato va dibujando la vida doméstica de una familia inmigrante en la que la madre sostiene la estructura del hogar, intenta preservar su propia sensibilidad artística como pintora y observa con mezcla de ternura y preocupación la transformación de su hijo. La convivencia entre generaciones, la presencia de la abuela y la relación con la hermana mayor aportan al film una textura coral que impide reducirlo a una mera crónica sentimental juvenil. Y esa diferencia generacional queda subrayada en algunos diálogos… 

Cuando Wang se pelea y viene lesionado, la abuela realiza estas correcciones a la madre sobre la educación de los hijos: “¿Ves? Los dejáis salir y pasa esto. Se supone que los niños juegan con grillos en el arroyo o al escondite en el patio trasero. Pero tu hijo se pelea como un pandillero. Si la policía lo ve, pensará que le has pegado y te lo quitará. No podrá curarse la herida y quedará ciego, y entonces no podrá ir a la universidad. Si no va a la universidad, no encontrará un buen trabajo. Si no encuentra un buen trabajo, no encontrará una esposa guapa y no podrá tener hijos. ¡Y el legado la familia Wang se acabó!”. Pero también el hartazgo de la madre hacia la abuela, que es su suegra: “Eres una carga… Esta casa es un hogar gracias a mí. No tú, ni él. Soy yo. Sé que te parezco indigna, pero te juro que si no dejas de criticarme te echo a patadas”. Y todo ello lo oye y viven los hijos, con Wang como primer testigo. O ese me “¡Me avergüenza ser tu hijo!” que llega a decir a su madre, tal es el grado de confusión de nuestro protagonista con sus grupos de amigos que va perdiendo, los de clase, los del skate, la chica que le gustaba,… no encuentra el lugar y lo paga con la madre. 

Y es así que Didi se nos presenta como un retrato realista de la juventud y la autoaceptación que explora las complejas dinámicas familiares de su protagonista, al mismo tiempo que promueve la comunicación entre adolescentes y padres. La película destaca por su naturalismo, su precisión observacional y su capacidad para convertir la experiencia particular en memoria generacional.

Uno de los aspectos más interesantes de Dìdi es su reconstrucción del año 2008 como momento bisagra en la cultura juvenil. La película recuerda un periodo en el que internet ya no era un espacio secundario, pero todavía no se había convertido en la estructura total de la vida social. Y esta dimensión tecnológica no funciona como simple decorado de época, pues ya la película sugiere que el adolescente contemporáneo aprende a verse a sí mismo a través de pantallas, comentarios, fotografías y jerarquías de visibilidad. La inseguridad ya no nace solo de la comparación presencial, sino también de la construcción pública de una imagen que puede ser validada, ridiculizada o ignorada. Por ello, puede leerse como una película de memoria generacional, dado que no solo recuerda un periodo histórico reciente, sino que examina el modo en que esa primera sociabilidad digital modificó la experiencia emocional de crecer, y el film dialoga con una preocupación muy contemporánea: la dificultad de distinguir entre el yo vivido y el yo representado. 

La película también ofrece un valioso retrato de la experiencia asiático-estadounidense desde una perspectiva doméstica y cotidiana, así como ese vínculo maternofilial: el hijo desea autonomía, pero no entiende todavía el sacrificio silencioso que sostiene su mundo; la madre intenta proteger, pero también debe aceptar que educar implica dejar ir. El resultado es un retrato extraordinariamente humano de la familia como espacio de protección, pero también de tensión formativa. 

Y en términos pedagógicos, es una obra especialmente útil para trabajar cuestiones relacionadas con adolescencia, migración, identidad, medios digitales y vínculos familiares. Un particular coming of age entre la identidad digital y la identidad cultural, donde el director Sean Wang es capaz de transformar lo autobiográfico en una forma de conocimiento compartido.

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

Lo que nos dice la IA (Perplexity) de la plataforma Continuum


Dentro de las múltiples herramientas y usos de la inteligencia artificial (IA) vale la pena destacar los asistentes de investigación (ej. Perplexity y GeminiNotebook), pues ayudan a recopilar información, analizarla y organizarla, y pueden generar resúmenes, responder a preguntas complejas y encontrar puntos clave en la información. 

Y en concreto Perplexity ofrece un “motor de respuestas”: un buscador que, en lugar de devolver una lista de enlaces, lee en tiempo real múltiples fuentes de Internet y sintetiza una respuesta a partir de documentos recuperados y con citas numeradas que el usuario puede verificar, lo que la hace especialmente útil para investigación, trabajo académico y periodístico. Y una gran ventaja: tiene menos “alucinaciones” al anclar las respuestas en resultados de búsqueda, por lo reduce la invención de datos frente a asistentes puramente conversacionales.  

Pues bien, a la tarea en Perplexity sobre “háblame de Continuum, la plataforma de formación continuada en línea de la AEP”, esta es su respuesta literal… 

“Continuum es el portal de formación continuada en línea de la Asociación Española de Pediatría (AEP), lanzado oficialmente el 23 de septiembre de 2013 como una «universidad virtual» de pediatría en español, dirigida a pediatras de España y Latinoamérica. Desde su puesta en marcha, ha sido codirigida de forma ininterrumpida por los doctores Javier González de Dios (pediatra hospitalario, neonatólogo, Alicante) y Francisco Hijano Bandera (pediatra de Atención Primaria, Madrid), quienes han liderado su desarrollo tecnológico, pedagógico y de contenidos *. 

1. Origen e historia 
El proyecto nació como idea original en 2012, dentro de la estrategia de la AEP para modernizar y ampliar la oferta de formación continuada más allá de los formatos presenciales tradicionales. Tras aproximadamente 18 meses de trabajo de diseño, coordinación científica y desarrollo técnico con la colaboración de numerosos expertos y comités de la AEP, se inauguró formalmente en septiembre de 2013. Continuum se concibió como una plataforma propia de la AEP, aprovechando el liderazgo científico de sus sociedades de especialidad, sociedades regionales, comités y grupos de trabajo, para ofrecer una formación de calidad, acreditada y alineada con las necesidades reales de los pediatras en ejercicio. 

2. Objetivos 
Los objetivos de Continuum se definieron desde el inicio en dos niveles: 

a) Objetivos generales: crear un portal de formación en español para pediatras que facilite la actualización de conocimientos, la rápida integración de avances médicos en la práctica clínica y el perfeccionamiento profesional, con el fin último de mejorar la atención a la población infanto-juvenil. 

b) Objetivos específicos: 1) impartir una enseñanza innovadora, con enfoques prácticos (learning by doing) y metodologías docentes eficaces para mejorar la competencia profesional; 2) implicar a las subespecialidades, grupos y comités de la AEP en la definición de áreas de conocimiento y competencias específicas; 3) recoger las necesidades formativas de los profesionales para planificar actividades de formación; 4) fomentar la mejora de la actividad asistencial, docente, científica e investigadora, con un portfolio personal que registre las actividades realizadas y pueda servir en el futuro para procesos de recertificación; 5) facilitar la obtención de créditos de formación continuada con validez en toda España para la carrera profesional. 

Un elemento central es que Continuum se basa en el Currículum Global de Educación Pediátrica (Global Pediatric Education Consortium, GPEC), que actúa como «matriz de competencias» y hoja de ruta para los contenidos, siendo España el primer país de la Unión Europea en adoptarlo en una plataforma de estas características. 

3. Modelo formativo y recursos 
Continuum no es solo una plataforma de cursos online; integra múltiples modalidades y recursos: 

a) Actividades individuales: 1) Imagen de la semana: imágenes de enfermedades comunes de presentación poco frecuente para ampliar la experiencia visual; 2) Casos clínicos interactivos: casos reales (atención primaria y hospitalaria) para promover el razonamiento clínico y el diagnóstico diferencial; 3) Novedades bibliográficas: revisión de publicaciones recientes en revistas biomédicas de interés; 4) Artículo destacado: enlaces a artículos relevantes de revistas pediátricas españolas. 

b) Actividades tutorizadas: cursos online de distintas duraciones y créditos, ofertados por sociedades, comités y grupos de la AEP, cubriendo las 39 áreas temáticas del currículo global 

c) Herramientas complementarias: 1) Biblioteca de documentos esenciales (guías, revisiones, protocolos, etc.); 2) Herramientas para la consulta (algoritmos, calculadoras, tablas, vademécum, etc.); 3) Portfolio personal (Mi Continuum) para registrar actividades, créditos y necesidades formativas; 4) Agenda de actividades y presencia en redes sociales como parte de la estrategia Web 2.0; y 5) Preparo Mi Rotación Por (PMRP), una de las joyas de la corona, creada en 2020 (y actualizada en 2024) y cuyo fin se puede sintetizar en estos tres objetivos: disminuir la variabilidad en la formación de los especialistas en formación, asistir a los tutores en su función docente y facilitar el aprendizaje colaborativo y basado en competencias, el entrenamiento reflexivo y la resolución de problemas propios del perfil profesional de cada especialidad pediátrica por la que roten. 


La plataforma está diseñada para ser accesible en cualquier momento y lugar, con funcionalidad optimizada para dispositivos móviles. 

4. Logros e impacto 
Desde sus primeros años, Continuum ha demostrado un alto impacto en la formación pediátrica en español: 

- En 2015, la plataforma ofreció actividades formativas a más de 5.000 pediatras y MIR de todo el mundo, de los cuales el 78,5% eran españoles (aproximadamente el 38% de los pediatras estimados en España en ese momento). En ese mismo año se alcanzaron 732 créditos de formación a través de las actividades ofertadas, una cifra casi cinco veces superior a las 157 horas que se estimaba que los pediatras y MIR españoles dedicaban anualmente a su formación **. 

- En 2016, Continuum recibió el premio MEDES a la Mejor Iniciativa en formación, reconociendo su innovación y alcance como «universidad virtual» de pediatría en español para España y Latinoamérica ***. 

- La plataforma ha mantenido una alta demanda de cursos tanto en España como fuera de ella, consolidándose como un proyecto prioritario para la AEP en los cuatrienios posteriores (2021-25 y más allá). 

La dirección conjunta de Javier González de Dios y Francisco Hijano Bandera ha sido un elemento clave en el éxito de Continuum: 
- Javier González de Dios: pediatra especialista en Neonatología, jefe de Servicio de Pediatría en el Hospital General Universitario de Alicante, doctor en Medicina, con amplia trayectoria en pediatría basada en la evidencia, investigación y proyectos de innovación educativa (como «Cine y Pediatría»). 
- Francisco Hijano Bandera: pediatra de Atención Primaria en Madrid, doctor en Medicina, con formación específica en diseño, gestión y dirección de proyectos de B-Learning, y miembro activo en docencia MIR y formación en pediatría de atención primaria. 
Su combinación de perfiles (hospitalario/atención primaria, evidencia científica/diseño pedagógico digital) ha permitido que Continuum no sea solo un repositorio de contenidos, sino una plataforma con rigor científico, innovación metodológica y orientación competencial. 

La puesta en marcha de Continuum ha significado: 1) un cambio de paradigma en la formación continuada de la AEP, pasando de un modelo predominantemente presencial a uno híbrido y digital, más flexible y accesible; 2) la creación de un espacio común en español para la formación pediátrica de alta calidad, con proyección iberoamericana; 3) un instrumento para la recertificación periódica de competencias, alineado con tendencias europeas e internacionales en educación médica continuada; 4) un reconocimiento del papel de la AEP como líder en formación pediátrica, con una plataforma propia, sostenible y en continua evolución. 

En síntesis, Continuum representa uno de los proyectos más consolidados y estratégicos de la AEP en las últimas décadas, y la dirección sostenida de los Dres. González de Dios e Hijano ha sido fundamental para convertirlo en una referencia de formación pediátrica en línea en el mundo hispanohablante ****.” 

Realmente una respuesta verídica, aunque parcial en algunos aspectos, y que hemos señalado con cuatro marcas en el texto. 

* Aunque la IA indica que los Dres. Javier González de Dios y Franciso Hijano Bandera han codirigido la plataforma Continuum de forma ininterrumpida desde sus inicios hasta la fecha de consulta, cabe decir que no es así y fuimos cesados por la actual Junta Directiva de la AE un 9 de octubre de 2025, fecha esta y posteriores que no olvidaremos. 

** Esta información de uso de la plataforma es de sus inicios, pero el crecimiento ha sido logarítmico, de forma que los datos más actuales disponibles publicados por el nosotros son del periodo 2013-2024  indicaban un total de 22.342 alumnos registrados en la plataforma (el 44% socios de la AEP), 1.118 actividades docentes ofrecidas (con 12.048 competencias asignadas en ellas), 2.351 autores participantes, más de 3 millones de usuarios (40% de España y el 60% de otros países, principalmente Hispanoamérica) y más de 35 millones de páginas vistas. 

*** Otros premios no recogidos por la IA que ha recibido Continuum en este periodo fueron el Premio a las 100 Mejores Ideas de Actualidad Económica (2013) y el Premio de Educación Médica al Mejor Proyecto en la Enseñanza de Posgrado o Formación de Especialistas, otorgado a la herramienta “Preparo mi rotación por” (2022). 

**** Este es el documento generado por IA a la intrahistoria de Continuum destaca a sus codirectores, pero no hubiera sido posible sin el trabajo y amistad de los coordinadores de las distintas secciones a lo largo de estos años (Dres. Manuel Molina Arias, Rosa Pavo García, Manuel Praena Crespo, Alberto García Salido, José María Garrido Pedraz, Rafael Martín Masot, Carlos Ochoa Sangrador, Carmen Villaizán Pérez, Pablo del Villar, Esteban Peiró Molina, Mireya Orío Hernández, Javier Pérez-Lescure Picarzo y Nuria García Sánchez) y al buen hacer de la editorial Lúa Ediciones 3.0. A ellos va dedicado este homenaje, porque ha sido lo mejor del camino… 

Una trayectoria de 14 años apasionante, desde sus orígenes hasta un recambio de rumbo que tuvo lugar hace unos meses. Que la IA genere esta información tan veraz es una gran satisfacción para los que creamos este modelo de formación en Pediatría, lo criamos y lo hicimos andar con éxito. 



sábado, 22 de agosto de 2026

Cine y Pediatría (867) “Turno de guardia” visibiliza las circunstancias profesionales de la enfermería


El objetivo primordial del proyecto Cine y Pediatría que inicié en el año 2010 es doble: educativo y transformador, orientado a "prescribir películas" como recurso para profundizar en la comprensión de la infancia y adolescencia (en sus tres ámbitos clave: familia, centro educativo y sociedad) y humanizar la práctica clínica en sanidad. Y, aunque minoritarias, son clave algunas películas para entender mejor la sanidad y el trabajo de sus profesionales (principalmente médicos y enfermería). Y hoy vamos a profundizar sobre este tipo de películas que nos permiten conocer diferentes aristas de la sanidad, algunas basadas en hechos reales, otras más de ficción. 

- Ejemplos de películas basadas en hechos reales son Despertares (Penny Marshall, 1990), El aceite de la vida (George Miller, 1992), Juramento hipocrático (Jim Abrahams, 1997), Patch Adams (Tom Shadyac, 1998), Inocencia interrumpida (James Mangold, 1999), Planta 4ª (Antonio Mercero, 2003), A corazón abierto (Joseph Sargent, 2004), Florence Nightingale (Norman Stone, 2008), Medidas extraordinarias (Tom Vaughan, 2009), Manos milagrosas (Thomas Carter, 2009), Surviving Amina (Bárbara Celis, 2010), El milagro de Carintia (Andreas Prochaska, 2011), Contagio (Steven Soderbergh, 2011), Nacer-Diario de maternidad (Jorge Caballero, 2012), Hipócrates (Thomas Lilti, 2014), 22 ángeles (Miguel Bardem, 2016), Brain on Fire (Gerard Barett, 2016), Una estrella fugaz (Ignasi Guerrero, Arturo Méndez, 2024), Matronas (Léa Fehner, 2023), Los dos hemisferios de Lucca (Mariana Chenillo, 2024), La otra víctima (Zinnini Elkington, 2025),…                      

- Ejemplos de películas de ficción son El doctor Arrowsmith (John Ford, 1931), Las confesiones del doctor Sachs (Michel Deville, 1999), John Q (Nick Cassavetes, 2002), El jardinero fiel (Fernando Meirelles, 2005), Una historia casi divertida (Ryan Fleck y Anna Boden, 2010), Efectos secundarios (Steven Soderbergh, 2013),…       

De ellas quiero destacar cuatro películas que se concentran en profesionales sanitarios, bien sean médicos (La otra víctima), residentes en formación (Hipócrates), matronas (Matronas) o un equipo de guardia médica (El milagro de Carintia). Y a ellas quiero sumar una impactante película sobre esa profesión esencial en sanidad y, especialmente, en los hospitales: hablo de la enfermería y de la película suiza Turno de guardia (Petra Biondina Volpe, 2025), cuyo título original, Heldin, “heroína” en alemán, nos pone en la pista de lo que vamos a vivir con Floria, una enfermera de una planta quirúrgica, durante un único turno nocturno marcado por la falta de personal, la saturación asistencial y una cadena de decisiones urgentes. Porque más que una película “sobre hospitales”, es una película sobre el cuidado sometido a condiciones imposibles y donde la gran pregunta no es si Floria es competente, sino cuánto puede resistir una profesional excelente cuando el sistema le exige compensar con su cuerpo, su conciencia y su tiempo las carencias institucionales. La obra adapta el libro autobiográfico de la enfermera Madeline Calvelage, titulado “Unser Beruf ist nicht das Problem: Es sind die Umstände”, traducido aproximadamente como “Nuestra profesión no es el problema: son las circunstancias”. 

Floria (espectacular interpretación de Leonie Benesch), llega al hospital para comenzar su turno. La planta está llena y falta una compañera, de modo que una plantilla mínima debe atender a numerosos pacientes con necesidades muy distintas. Una enfermera experimentada, una compañera y una joven en prácticas deben hacerse cargo de toda la unidad. 

Floria trabaja con gran precisión y vemos que su función es multitarea (nada que veamos como excepcional los que trabajamos en un hospital): atiende a pacientes recién operados, responde a timbres, toma constantes y a todos les pregunta siempre "¿Qué dolor siente en una escala del 1 al 10?", administra medicación, realiza curas, acompaña a los pacientes a quirófano o al TAC, ayuda a cambiar pañales a las personas ancianas, acompaña a familiares y trata de tranquilizar a personas asustadas o doloridas (a un paciente de Burkina Faso que está solo le responde: “Me tiene a mí”). Entre los enfermos aparecen situaciones de gran vulnerabilidad: pacientes con cáncer, ancianos con gran fragilidad, enfermos con deterioro cognitivo y pacientes nerviosos que esperan diagnósticos o intervenciones. 

El problema no es que Floria ignore sus obligaciones. El problema es que recibe simultáneamente más demandas de las que una persona puede atender. Cada llamada interrumpe otra tarea; cada urgencia aplaza una necesidad distinta. La profesional se ve obligada a elegir continuamente a quién atender primero, aunque ninguna de las personas abandonadas deje de necesitar cuidados. Y aún así nota las miradas de desaprobación de algunos familiares o sufre las palabras de un paciente privado: “¿Hasta a dónde ha ido a por la pastilla?...Es inadmisible"

En ese contexto se produce un error, pues cambia la medicación de un paciente y eso le provoca una reacción alérgica. El incidente funciona como punto de inflexión dramático, pero también como revelación: la película muestra que el fallo no nace de la negligencia o de la falta de vocación, sino de una organización que convierte el agotamiento, la multitarea y la prioridad permanente en norma cotidiana. La guardia se transforma entonces en una carrera contrarreloj, incluida una parada cardiorrespiratoria de una paciente que fallece, y su sentimiento de culpa: "No he ido a verla ni una vez. Era la última de mi ronda". Floria intenta mantener el control, proteger a los pacientes y evitar que la situación se desborde, mientras el cansancio físico y la angustia moral van ocupando su rostro y su cuerpo. 

Y finaliza el turno bajo la canción "Hope there´s Someone" de Anthony and the Johnsons para un final muy emocionante y con este mensaje final: "Para el año 2030, faltarían 30.000 profesionales de enfermería en Suiza. El 36% abandonan la profesión en tan solo cuatro años. España afronta un déficit de 100.000 profesionales. Al menos un tercio ha sufrido problemas de salud mental por sobrecarga de trabajo. La escasez de enfermeros y enfermeras es una amenaza global para la salud. La OMS estima que para 2030 faltarán alrededor de 13 millones de estos profesionales "

Una película tan contundente que es un documento esencial para entender el crucial y exhaustivo trabajo de la enfermería. Una película que debe “prescribirse”, pues su estructura casi en tiempo real (todo el metraje acompaña a nuestra protagonista en un turno de noche de unas 12 hs) permite comprender la presión y la fatiga de la protagonista sin necesidad de acontecimientos espectaculares y donde una alarma, un paciente que solicita ayuda, una medicación que debe administrarse o una llamada que no puede demorarse bastan para aumentar la tensión. 

Y para ello cabe destacar la puesta en escena: esa cámara que sigue estrechamente a Floria por las habitaciones, los pasillos y los ascensores; ese hospital moderno ordenado arquitectónicamente pero que vivimos como un laberinto de habitaciones, pasillos y puertas; esos primero planos que permiten leer el progresivo desgaste de Floria, agotada física y psicológicamente; ese diseño sonoro como uno de los grandes instrumentos dramáticos de la película (timbres de las habitaciones, alarmas, ruidos de equipos y carros hospitalarios,…), esa información sonora que crea una presión ética, pues sabemos que hay alguien que necesita ayuda, pero también comprendemos que la protagonista no puede estar en dos lugares a la vez. 

Por todo ello, Turno de guardia es una película muy especial, donde Floria nos aparece como una heroína sin épica, porque ella no salva a todo el mundo y no recibe una recompensa proporcional a su esfuerzo, aunque su trabajo está compuesto por pequeños grandes actos: escuchar, explicar, sujetar una mano, repetir una instrucción, calmar una ansiedad, reconocer el miedo de un paciente, ayudar a levantarse, administrar correctamente un tratamiento,… Y se desplaza la idea de heroísmo desde el acontecimiento extraordinario hacia la perseverancia cotidiana. Floria es heroica porque sostiene el vínculo humano en una institución que funciona cada vez más deprisa y con menos recursos. Pero con ello, la película plantea así una paradoja: cuanto más se admira la capacidad individual de resistir, mayor puede ser el riesgo de no modificar las condiciones que obligan a resistir. 

Algo esencial que atesora este film es el valor de visibilizar el enorme valor de la enfermería y hacer entender la complejidad del trabajo enfermero. Porque en ese turno de guardia de Floria se nos muestra esta profesión clave que combina conocimientos clínicos, observación continua, priorización, comunicación, prevención de complicaciones, contención emocional, educación sanitaria, coordinación con pacientes, familias y otros profesionales, además de responsabilidad ética. Y, además, ocurre en un moderno hospital de Suiza, un país asociado habitualmente con el orden, la riqueza, la eficacia y la estabilidad, allí donde la enfermería suele tener un sueldo que triplica la enfermería de nuestro país. 

Si esta película te hace sentir el “peso” de esta profesión y cómo afecta al profesional y a su conciliación con la vida familiar, imagina cómo se vive en realidad cuando se realiza esta misma labor en un entorno hospitalario denostado (con arquitectura y organización de hace más de medio siglo, edificios “enfermos” donde falla el aire acondicionado o hay goteras) y con bajos sueldos. O si, como en nuestra profesión como pediatras, esto ocurre en la unidades de cuidados intensivos neonatales y pediátricos, o en las zonas de hospitalización de pacientes oncológicos y quirúrgicos pediátricos. No es ficción, es el día a día... Y con ello entendenemos que si el “burnout” es común entre los profesionales sanitarios, no es de extrañar que este desgaste profesional esté liderado en España por la enfermería, tal como deja entrever el colofón final de la película. 

Por ello, Turno de guardia es una película para hacer repetidos cine fórum en el entorno sanitario, y hacer debate de las siguientes reflexiones: 1) que la vocación no sustituye a los recursos (la dedicación y el sobreesfuerzo personal no puede compensar indefinidamente una plantilla insuficiente); 2) que la seguridad del paciente es una responsabilidad colectiva (y donde debemos realizar en cada error un análisis causa-raíz, no para buscar culpables, sino para evitar que los errores vuelvan a repetirse); 3) que cuidar implica priorizar, pero priorizar también tiene un coste (y en situaciones de exceso de trabajo o en condiciones normales puede convertirse en una fuente continua de sufrimiento moral); 4) que la empatía necesita estructura (porque la empatía aislada de Floria no basta, porque para escuchar, acompañar y explicar se necesitan tiempo, personal suficiente y una organización que valore el vínculo humano); 5) que el heroísmo puede ocultar la precariedad; 6) que el cuidado es una responsabilidad social (y, por tanto, una cuestión política, económica y colectiva); 7) y una de las lecciones más profundas: que el paciente no es una tarea (porque cada paciente es una persona que experimenta miedo, incertidumbre y vulnerabilidad y cuando el sistema está saturado, existe el peligro de que el enfermo se convierta en una cama, una habitación o un número de historia clínica). 

Desde una perspectiva bioética, la película pone en tensión varios principios: beneficencia (Floria intenta hacer el bien a cada paciente), no maleficencia (teme que la sobrecarga provoque daño), justicia (observa que no todos los pacientes reciben el mismo trato, y aquí recordar en el film los pacientes que tienen seguros privados frente al resto), autonomía (debe informar y escuchar, aunque el tiempo sea insuficiente) y dignidad (intenta que los pacientes no sean tratados como simples cuerpos enfermos). La tragedia es que esos principios pueden entrar en conflicto cuando los recursos son escasos. Floria quiere ofrecer un cuidado completo, pero la institución la obliga a administrar insuficiencias. 

Y es así que Turno de guardia es especialmente eficaz en cuatro aspectos: en la interpretación de Leonie Benesch (a quien ya conocimos dando la talla actoral como protagonista de la película alemana del año 2023 Sala de profesores, dirigida por Ilker Çatak), en la concentración temporal, en la puesta en escena inmersiva, y en la crítica estructural (donde examina la organización del sistema sanitario). Y ello hace que la película sea algo más que un homenaje a la enfermería: la convierte en una reflexión política sobre el valor social del cuidado, la seguridad del paciente y la responsabilidad colectiva de proteger a quienes protegen a los demás.